Si perdonas…

Si perdonas…


Cuando no perdonas, te quedas atado al pasado. Una nube de dolor empaña tus días, tus pensamientos, tus decisiones… Dejas que alguien usurpe tu vida y anide en ella…  Vives a través de otros ojos… Cuando no perdonas es porque en realidad lo que esa persona siente por ti o dice de ti es un reflejo de lo que tú crees de ti mismo, aunque no lo quieras ver y admitir… De otra forma, no te afectaría ni causaría dolor. Si no perdonas es porque la estocada recibida viene a traerte un mensaje sobre ti que aún no has aceptado y soltado… Sea o no sea real esa visión de ti, eso no importa… Si no perdonas, es porque no has asumido que el otro es como es y no lo vas a cambiar y, por tanto, eso te impide asumir que tú también eres como eres y  aceptarte…
Aceptar también es admitir el cambio y prepararse para él. De hecho, es el paso previo a que todo empiece a dar vueltas a tu alrededor y des un nuevo paso… Cuando aceptas cómo eres, amas tus debilidades y tus fortalezas, adquieres el poder de decidir sobre ti mismo y volver a tu esencia. Y desde la conciencia más pura de lo que eres, puedes notar si cada paso que das va contigo o contra tu naturaleza…
El que no perdona, sin embargo, sigue atado a la mirada del otro. A la visión que esa otra persona tiene de él. Se ve a través de sus ojos y por ello es incapaz de perdonar la ofensa y “el atrevimiento y la osadía” de hacer que yo me vea como tú me ves y que eso me duela porque aún no he conseguido cambiarlo y asumirlo”.
Leí el otro día que la falta de perdón es la culpa que arrastramos por no ser como soñamos y por el hecho de que los demás nos lo hagan ver… La culpa porque no nos amen como creemos necesitar que nos amen, en una sociedad que educa para que el amor sea dependencia y necesidad pura… La culpa es dolor. Dolor en el alma y el cuerpo. La rabia, el resentimiento, el odio en algunos casos, se nos acumula en los pliegues y nos estalla…
Decía el texto que si no necesitáramos culpar al mundo ni a nosotros mismos de nada, no habría dolor… Porque esa herida abierta es la forma que tenemos de mostrar al otro el daño que nos ha hecho, de recordarle constantemente que actuó mal según nuestra forma de ver la vida, según nuestro mapa mental y vital. Sin necesidad de vengarnos sacando a relucir nuestro dolor, ese dolor no tiene sentido… Sin reproche, no hay herida.
A veces, la herida abierta es la forma en la que nos recordamos también a nosotros mismos lo culpables que somos por no ser como deseamos, por no llegar al altísimo listón que nos hemos impuesto… Nos miramos con tanto desprecio que esa energía negativa tiene que rebotar forzosamente en nosotros y en lo que nos rodea.
Todo lo que le pedimos al mundo es lo que nos pedimos a nosotros mismos.
Lo que criticamos al mundo es lo que vemos en nosotros, lo que soñamos tener y creemos que no podremos alcanzar.
Lo que detestamos de otros es lo mismo que detestamos en nosotros y no queremos admitir…
Las personas que nos rodean son ante nuestros ojos una proyección de nosotros mismos…
Nuestras quejas son las quejas que salen de sus labios y llegan a nuestros oídos.
Vemos al mundo tal y como nos vemos, como decía Kant: “Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros”
La vida que apuramos cada día es un reflejo del estado en que se encuentra nuestra autoestima… Un ejemplo claro de lo que creemos que merecemos…
Lo que deseamos para otros es lo que acaba llegando a nuestras vidas.
Por ello, cuando no perdonamos, no nos perdonamos. Nos quedamos sumergidos en una materia viscosa en la que no nos podemos mover ni pensar.
Perdonar es cerrar las heridas que son testigo de algo que fuimos antes y ya no somos. Es comprender, ponerse en el lugar del otro en un acto de empatía extraordinario que nos ayuda también a entendernos a nosotros mismos y comprender que a veces las personas vienen a nosotros porque lo vamos pidiendo a gritos…
Atraemos lo que somos y lo que necesitamos… Visto así, no tiene sentido enfadarse porque alguien venga a nuestra vida a ayudarnos a entender que merecemos más de lo que creemos y que nos amamos muy poco…
Las personas que llegan a nuestra vida vienen a empujarnos a dar un paso más, a que comprendamos más sobre nosotros…
Perdonar es decidir amarse tanto que ya no nos importe lo que mundo piensa de nosotros. Si no lo hacemos, no encontramos la quietud para seguir. La sensación de estar contigo mismo y saber que estás comprometido con tu felicidad.
Perdonar es hacerse feliz. Decidir que es mejor amar que ganar, que la paz que sentimos al cerrar puertas que quedaron entreabiertas vale más que tener razón e imponerse.
Perdonar es asumir tu responsabilidad y aceptar que no hay culpas porque cada persona vive su verdad y actúa en consecuencia.
Mientras no somos capaces de encontrar esa paz deliciosa de “no necesitar”  ganar, imponernos, demostrar o encajar, somos un híbrido entre lo que ya no somos y lo que soñamos ser…
Hasta que no asumimos el perdón como un regalo y no como una pérdida no podemos agradecer la enseñanza y el valor de cada experiencia…
Si no perdonamos, no nos perdonamos porque seguimos dando poder a los demás sobre nuestras vidas… Les damos capacidad de gestionar e incidir en lo que sentimos, en  lo que soñamos, en lo que merecemos y nos miramos a través de sus ojos…
Nos volvemos tan duros que nos rompemos y nos agrietamos con la esperanza de que algo de luz entre en nosotros…
No es fácil. El ego siempre necesita justificar y medir, comprobar y calcular… Siempre quiere vencer y necesitar. Siempre encontrará la excusa para demorar el momento y te hará creer que no ha llegado aún la hora… Te confundirá para que sustituyas tu autoestima maltrecha por un orgullo hinchado que no te deje ver más allá de tu nariz y te dirá que no hay más verdad que la tuya… Te hará creer que perdonar es sacrificio en lugar de la maravillosa recompensa de estar en paz contigo. Te susurrará consignas para que sigas luchando en una guerra sin sentido cuya victoria es la derrota más absoluta para tu capacidad de amar, tu generosidad y tu grandeza.
De todas las decisiones pendientes que tenemos, la de perdonar es la más complicada y valiente… La más dura, tal vez, pero es sin duda la que más cambia nuestras vidas. El mayor regalo que podemos hacernos a nosotros mismos es perdonar.
Perdonar es rescatarse a uno mismo de una muerte lenta de reproches y pensamientos amargos… Abrirse de par en par y dejar que corra el aire limpio y entren sensaciones nuevas y maravillosas. Perdonar es vivir en paz.
Si perdonas, encuentras todas las piezas del puzle y descubres que sólo depende de ti mismo que encajen.
 
A muchas personas no les gusta la palabra perdonar porque les suena a estar por encima del otro. Cada uno hace las cosas como sabe a cada momento y según su nivel de conciencia… Lo podemos llamar comprender y soltar ese dolor, cerrar la herida y desearle lo mejor a esa persona. Lo llamemos como lo llamemos, todos sabemos qué significa y hasta dónde nos compromete. Porque el compromiso real es siempre con nosotros mismos.
 
Magia

Magia

AL REVÉS


“Solo hay dos formas de vivir tu vida. Una es pensar que nada es un milagro. La otra es pensar que todo es un milagro” Albert Einstein. 
¿Cuál te quedas? ¿Cuál de las dos visiones de la vida te cala dentro? Lo digo porque siempre he pensado que de existir la magia, no será algo que se pueda entender con los sentidos, sino una sensación que te invada y zarandee por dentro…
Esos momentos en los que sabes algo, pero eres incapaz de entender por qué. Sin embargo, dentro de ti hay una certeza absoluta difícil de explicar.
Hay magia, mucha. Lo que ocurre es que para notarla primero hay que creer en ella. Justo todo lo contrario de lo que nos han enseñado hasta ahora. Ya sé, alguien dirá que eso es porque participamos de una especie de sugestión colectiva para poder soportar la rutina asfixiante que se nos come el entusiasmo y nos llena de desesperanza… Y nos recordará, con razón, que medio mundo sufre una situación de injusticia crónica. Sin embargo, no puedo más que certificarlo porque me encuentro con ella en todas partes… Y al final, he llegado a la conclusión de Einstein, las señales que veo y las “demasiadas coincidencias para ser casualidad” que invaden mi vida pueden ser nada o serlo todo.
Hace un siglo que no creo en las casualidades. Todo tiene una causa, todo lleva un mensaje. Todo llega por algo, incluso lo que te deja extenuado en un rincón suplicando que pase. No es castigo ni plaga bíblica, es consecuencia de lo que sientes, lo que piensas y lo que eres.
Cuando cambias tus pensamientos, cambias todo lo que te rodea. Lo que pensamos y sentimos se acaba manifestando en nuestra vida aunque no nos apetezca. Donde pones la intención, acabas fabricando algo. Lo hacemos nosotros. Somos fabricantes de alegrías o de tragedias. Y en esto, no hay culpa, saquémonos de encima de una vez por todas esa sensación de haber llegado a la vida manchados y tener que arrastrar una carga… Nuestros errores son nuestra forma de vivir, de nada sirve cargarlos como una cruz en la espalda, es mejor afrontarlos y entender, pedir perdón si hemos hecho daño y responsabilizarnos de una vez de nuestra vida.
La magia no es a veces lo que ocurre, sino tu capacidad para atraerlo y darle significado. La sincronía de hechos fantásticos en un mundo que lucha por negarlo y demostrar que nada tiene sentido y al mismo tiempo te vende fórmulas mágicas sin magia para soportarlo.
Para entender la magia tienes que estar conectado contigo mismo y con lo que te rodea, si no, no funciona… La magia es compromiso… Y no es porque cuando no confías la magia te abandone, es sencillamente porque no puedes verla ni sentirla.  Porque cuando entras en la sala con la cabeza gacha no ves una mirada inesperada de alguien que estaba allí para decirte “sigue adelante” o cuando no te atreves a hacer algo, no puedes descubrir que de haberlo hecho estabas a cinco minutos de conseguir uno de tus sueños… A veces, la magia se caza al vuelo y te pilla sin las botas puestas.
Nos pasan cada día mil cosas difíciles de explicar, pero en ocasiones no las vemos porque nos encuentran ocupados llorando porque no nos pasa nada… Como si al frotar la lámpara y ver al genio, nos pasáramos un buen rato contándole que estamos desolados porque nunca nos sucede nada extraordinario… Aunque en esas ocasiones, la verdad, tampoco estoy segura de que su objetivo fuera ese… A veces, perdemos oportunidades diminutas porque nos aguardan cosas más grandes. Quiero decir que, tal vez, al perderte ese sueño por no ser capaz de darte cuenta, acabas haciendo algo que necesitabas aprender antes de abrazarlo totalmente… ¿Quién sabe si eso era necesario para que pudieras apreciar ese sueño como el regalo que es? ¿y si formaba parte del plan un primer intento fallido? ¿Y si la magia no era la oportunidad perdida sino la motivación que nace en ti al saberla perdida para intentar algo nuevo? ¿Y si perdernos las señales forma parte del plan? ¿Cómo sabemos si un rechazo es en realidad lo que necesitamos para desistir de algo que no encaja con nosotros y encontrar un sueño distinto que nos lleva a ser felices? ¿Y si una mala noticia es el mejor de los regalos al final para que tomes un camino que nunca hubieras explorado?
Es como tomar un camino y equivocarse en uno de sus cruces… ¿Y si el error es la magia? ¿Y si gracias al error consigues el mapa que lleva a tu tesoro? ¿Y si topar con un muro es el mensaje para que entiendas que no es tu camino y vuelvas atrás?
Voy más allá… ¿Y si da igual el camino porque hagas lo que hagas habrá una magia que te lleve a lo que necesitas? Y cuando haga falta un error para aprender, te ayudará a cometerlo. Y cuando necesites un impulso, habrá un atajo, un acantilado que lleva a un mar inmenso para que aprendas a nadar… Y cuando haga falta que entiendas que no necesitas a nadie, de repente descubrirás que haces ese camino solo… Y cuando tengas que superar tu miedo, tal vez, encuentres un candil o incluso te quedes sin él porque debes amar la oscuridad antes de llegar a la luz…
Y no, no me refiero a que todo esté escrito. Y si lo está, es porque a cada paso, escribimos una línea de nuestra vida… Somos libres de entender y aceptar, porque la magia de la que hablo, en el fondo, sale de dentro.
Es una conexión difícil de explicar. Es la que te lleva a ti. A ese yo limpio y sin más pretensión que la felicidad. A esa persona que te habita y busca amar y ser amada como merece. Ese yo que conecta con todo, con cada fibra de este universo que vibra y nos sacude para que entendamos que no sólo estamos en él sino que formamos parte de su esencia.
Ese yo enorme y a la vez extraordinariamente humilde. Ese yo que se da cuenta de que todo pasa por y para algo…
La magia pasa a través de nosotros para que podamos ejercer de nosotros mismos, para que cumplamos nuestra misión… Para que cambiemos el mundo gracias a cambiar nuestros ojos al mirarlo… Para que seamos un peldaño más en esta escalera eterna que lleva a conocerse y comprender.
La magia está siempre que no se la espera. Subyace en todo. No se la puede ver pero se la puede sentir… Y sentimos tan poco, porque no dejamos de pensar en bucle, sin sentido, sin esperanza… La magia te calma cuando te encuentra en calma… Te aquieta el alma cuando consigues primero que tu alma esté quieta para poder apreciarla.
Se manifiesta muy rápido cuando no tienes prisa.
Le da la vuelta a tu mundo cuando ya no necesitas que lo haga porque has descubierto que te tienes a ti mismo.
Obra el milagro un segundo después de que descubras que ya no te importa si habrá milagro porque confías en ti.
La magia esquiva la impaciencia y la desconfianza. Para la partida cuando ganabas porque en algún instante dejas de creer que te lo mereces. Te obliga a mostrarte cuando te escondes…
La magia aleja los sueños de quiénes no se consideran dignos de ellos… Dibuja en el mundo una réplica exacta del mundo que llevamos dentro… Lo reproduce con tanta fidelidad que puedes saber exactamente cuánto te amas, al observar la distancia que hay entre ti y tus metas… Te cambia las preguntas cuando encuentras respuestas para que sigas creciendo…
Dibuja puertas en las paredes que sólo se abren cuando realmente estás convencido de que son tus puertas.
Teje redes justo después de que des el gran salto sin importante si hay red. Te hace crecer las alas medio minutos después de que decidas que pase lo que pase vas a volar.
La magia va inventando el camino a medida que tú lo vas imaginando y visualizando, y se vuelve sólido a cada paso que das hacia lo desconocido.
Ama a los osados y les deja pistas por todas partes para que sepan que pueden seguir. Escribe mensajes en el reverso de las hojas de los árboles cuando estás cansado y te sientas bajo ellos a la sombra…
Hay magia, mucha, mucha, pero pide confianza y compromiso.
La fe ciega en ti y la deliciosa locura de negar a veces tus sentidos y creer lo que nadie ve y sentir lo que nadie más siente.
Hay magia, pero pide paciencia eterna.
Alguien muy sabio me recordó el otro día “No esperes nada… No esperes nada de nada ni de nadie”y es verdad, la magia ama apasionadamente a aquellos que dan sin esperar nada cambio y no se apegan al resultado…
Tal vez, la magia no sea esa sincronicidad en la que a veces nos encontramos inmersos o esos hechos sucesivos que algunos llaman casualidades y otros causalidades… Tal vez la magia sea lograr primero esa confianza en ti mismo y esa paciencia que te permitan llegar a dónde quieres y tocar al milagro.
Quizás la magia no es el milagro sino el proceso interior que se obra en ti para conseguirlo.
Hay mucha magia en todas partes, respira hondo y deja que te invada y habite.
Tal vez, la magia eres tú cuando aceptas de una vez  por todas tu grandeza y decides que ya nunca volverás a resignarte con una vida mediocre.
Sincronicidad : la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal,  Carl Gustav Jung.
 
Simulacros de amor…

Simulacros de amor…

Estoy convencida de que vamos por el camino y que la ciencia y la espiritualidad al final se darán la mano… Encajarán forzosamente en un universo que se ha descubierto inmaterial y compuesto por energía y vibración…Que encontrarán la combinación perfecta para que entendamos que necesitamos paliar efectos, pero que lo realmente importante es ir a las causas y entender a las personas.

Somos nuestras emociones y todo lo que ellas nos ayudan a aprender de nosotros. Somos nuestros sueños y la transformación que obran en nosotros para poder alcanzarlos… Somos el camino que siguen nuestros miedos con sus pies diminutos sobre nuestra espalda, nuestra piel cansada y nuestro cuerpo agitado por no ser lo que este mundo perdido nos ha educado para creer que debemos…

El cuerpo es el mapa del alma. Todo lo que no resolvemos se queda prendido en nosotros. Se nos enquista en la conciencia suplicando salir, pero a veces, se lo negamos y sofocamos el dolor mirando hacia otro lado… Acumulamos la rabia hasta que nos estalla dentro… Acumulamos el miedo a estar solos hasta que no podemos respirar porque nos falta el amor como nos falta el aire… Acumulamos y lo acumulado se acostumbra a vivir en nosotros y vuelve loco bajo la piel y se construye refugios y cabañas para no tener que salir a la luz y arriesgar.

Nos hemos desconectado tanto de nuestro cuerpo, olvidando que somos un todo, que cuando nos envía mensajes no los percibimos… Aunque lo hace cada día.

No nos enseñan a amarnos y no sabemos el valor que tenemos.  

Nos escondemos hasta desaparecer y sentir que no contamos para nada… No nos conocemos. Estamos invadidos por un montón de creencias heredadas que rigen nuestra vida y jamás hemos comprobado que sean verdaderas.

Cuando nacemos, nos enfundan en un traje pequeño para que no crezcamos demasiado y sigamos atados a nuestros miedos… No lo hacen porque nos quieran mal, lo hacen porque creen que si crecemos nuestra osadía irritará al mundo y alguna divinidad ambulante nos aplastará con su dedo meñique. Lo hacen porque a su vez alguien se lo hizo a ellos y a ese alguien se lo hizo otro en una cadena sin fin que se remonta en los tiempos, cuando la humanidad tuvo tanto miedo que decidió no vivir feliz para no molestar… Y nosotros cumplimos con esta limitación sin rechistar ni levantar la voz, porque nuestra voz también es pequeña y nos asusta escucharla.

Nos envuelven en un manto de compasión rígida y nos dan una lista de “deberías” inasumible para mantenernos entretenidos y que no nos demos cuenta de que hay otras realidades por explorar… Lo hacen porque temen que seamos aventureros y soñemos otras vidas que seguro que no nos saldrán bien.

Nos dan una mochila muy pesada para llevar. Llena de culpa, de sufrimiento pasado, presente y futuro y de normas gastadas que cumplir… Nos dicen que no vale la pena intentar ni llevar la contraria y hacemos caso.

Y al empezar el camino, nos sentimos ya agotados. Sujetos a una necesidad de perfección extenuante, asfixiante, agotadora.

Nos asusta encontrarnos la cola y mirarnos a la cara. Estamos convencidos que no daremos la talla y no nos hemos dado cuenta de que intentarlo es comparar la luna con un garbanzo, intentar meter el mar en un vaso o pretender tocar el horizonte. Somos demasiado grandes para encajar en nada y al intentarlo, cruelmente, nos mutilamos para poder adaptarnos a un molde que nos limita y priva de libertad… Nos duelen las piernas porque no corren hacia donde soñamos… Nos duele todo el cuerpo porque está encajado, sometido, recortado, embutido en un rincón que le queda diminuto y del que no nos atrevemos a salir porque dejaríamos de pasar desapercibidos. Nos podamos las ganas, las alegrías, las extravagancias… Nos decimos tantas veces que no que al final, esos pensamientos nuevos y llenos de ilusiones se pierden antes de llegar y ya nunca sabemos lo que realmente deseamos.

Desconocemos nuestra sombra y eso impide que encontremos nuestra luz.

No nos aguantamos la mirada por si descubrimos todo el trabajo pendiente que tenemos con nosotros mismos para crecer y evolucionar.

Nos hacemos tanto daño… Nos sembramos de dolor para castigarnos por no llegar a metas que ni siquiera son nuestras. No hablo de un dolor sólo emocional, hablo de la punzada en el pecho, la presión en el costado que te borra la sonrisa o el aguijonazo en la espalda que te dobla… Hablo de un cuerpo que nos habla para decirnos que nos estamos privando de vida, que no nos mimamos como merecemos, que nos callamos demasiado, que nos rompemos el corazón… Un cuerpo que te dice cada día cómo están tu conciencia, cómo vive tu alma, cómo te tratas a ti mismo…

No es un castigo, es una oportunidad para cambiarlo. Es la consecuencia directa de tu sinvivir, de tu postergar la vida, de tu silencio no deseado, de tu ira contenida, de tu rabia desparramada… Las locuras que no haces habitan en ti, soñando volar. Los deseos que no cumples se esculpen en tu cara surcando caminos, en las articulaciones de tus manos, en los nudos de tu espalda… Los besos que no das se convierten en espinas clavadas en la garganta y el pecho, dardos en el vientre, púas en la cabeza…

A veces, te notas demasiado y otras no estás.

Confundimos el síntoma con la causa y creemos que somos nuestros dolores y enfermedades cuando el realidad somos la respuesta…

Nos recortamos  y empequeñecemos ante un mundo loco que busca llenar vacíos interiores con parches que nunca tapan las heridas porque lo único que las puede sellar está en nosotros…

Siempre buscamos pareja de baile, cuando en realidad, este baile es en solitario.

Buscamos soluciones fuera cuando tenemos  dentro la llave que abre todas las puertas cerradas que llevan a la felicidad.

Nos castigamos por no ser algo que nunca seremos, porque en realidad somos algo mejor… Hemos cedido el poder a cambio de sucedáneos  de felicidad. Hemos regalado conciencia a cambio de simulacros de amor  que mueren antes de empezar porque el único amor que puede sofocar nuestro dolor es el propio.

No sabemos quiénes somos porque no nos educaron para reconocernos y así nunca podremos curarnos y descubrir nuestros valor…

Aunque todo tiene un reverso. Si podemos castigarnos, podemos perdonarnos a nosotros y al mundo por no ser, por no llegar a cimas artificiales pensadas por otros que tampoco conocen las suyas.

Si podemos acumular, podemos soltar y comprender qué sentimos y decidir quiénes somos cuando estemos libres de corazas y chantajes.

Si podemos hacernos tanto daño es porque también podemos hacernos mucho bien.

Es porque tenemos el poder.

Para abandonar esta lucha contra todo y dejar de batallar con nosotros mismos por conseguir un ideal que en realidad no soñamos.

Todos somos enfermos crónicos de miedo…

A no encajar y aparentar.

A no tener.

A estar solos y no ser valorados.

A no ser amados…

Todos tenemos el poder de darle la vuelta ahora y dejar de buscar en el mundo lo que queremos encontrar y empezar a ser lo que le falta.

Todos podemos cambiar de pensamientos y por tanto cambiar de emociones, aunque cueste… Podemos ordenar a nuestra mente que en lugar de quedarse atrapada pensando en sobrevivir, acepte, se adapte y decida empezar a construir sueños. Cuando cambiamos de pensamientos, cambiamos de vida… Nuestro cerebro es pura plasticidad,  se adapta con nosotros, muta para que lleguemos a nuestras metas, estamos preparados para ser elásticos y transformarnos. Tan sólo necesitamos creer y sentir que podemos.

La solución ha estado ahí siempre, esperando a que abramos la puerta que lleva a nosotros mismos y dejemos entrar la luz de sol… Que saquemos de paseo los “no puedo”, los “no sé”, los “no sirvo” y los “nadie me quiere”…. Para que nos demos cuenta de una vez que la magia no va de fuera a dentro, sino de dentro a fuera…

Y empecemos a irradiar lo que somos.

Y que empecemos a vibrar con lo que nos hace soñar.

Dejemos de fingir y saquémonos las máscaras. Detrás de todo dolor hay algo que no sabemos, algo que aún no entendemos, algo que no queremos ver y que nos lleva a darnos cuenta de que todavía no nos amamos.

Llevamos dentro el antídoto pero ignoramos nuestro poder…

La cura que buscamos se llama amor y empieza por nosotros mismos. Se llama mirarte y aceptar lo que ves y lo que sientes. Amar tus fibras y abrazar su belleza y su oscuridad… Se llama autoestima y confianza… Hasta que eso no llega, todo lo demás son simulacros.

Este artículo recoge algunas de las ideas de la ponencia inaugural que tuve el honor de dar en la IV Conferencia Nacional del Paciente Activo dentro de la IX Congreso Nacional de Atención Sanitaria al Paciente Crónico que tuvo lugar en Oviedo del 2 al 4 de marzoUn Congreso que se lleva a cabo gracias al trabajo diario de grandes personas y el apoyo de las instituciones que se han creído eso de que se debe tratar a las personas y no a las enfermedades. Una iniciativa valiente que refleja los cambios que se están llevando a cabo en el mundo sanitario gracias a profesionales y pacientes. Gracias eternas por hacerme partícipe de algo tan grande y maravilloso…

Es inevitable

Es inevitable

chica-blog-notas


Lánzate ya, ahora es el momento, pero no lo hagas sólo para triunfar, hazlo para ser feliz… Sea lo que sea, hazlo porque te transforma.
Porque te llena y llena a otros. Porque si no lo haces, tus estanterías interiores siempre están vacías y tus ojos no brillan.
No lo hagas sólo por ambición por ser y demostrar sino por amor a lo que realmente eres, por ganas, por querer compartir lo que sueñas y quieres para ti. Porque quieres aportar al mundo algo que crees que lo mejora.
Hazlo porque no imaginas vivir de otro modo, porque ya no puedes vivir desde otra actitud.
Hazlo porque buscas sentirte bien con la vida que vives, porque quieres amar lo que haces y sabes que puede ayudar en este camino.
Hazlo para compartir lo que eres.
Porque vibras cuando lo imaginas, cuando te pones la película de tus sueños pendientes y los notas tanto que se te agolpan las lágrimas en las mejillas de felicidad… Porque los tocas, porque los sientes. Porque la locura es no intentarlo y desistir.
Hazlo porque notas que pasará, que es inevitable que tu vida sea maravillosa si actúas siendo tú, ese tú de verdad…
Hazlo por la persona en quién te convertirás si lo consigues, no por el logro en sí y el mérito, sino por la transformación que tendrá lugar en tu interior.
Y a lo mejor te encuentras haciendo lo mismo que antes, con las mismas ganas, pero con otra actitud, con otra forma de mirar lo que te rodea y sin esa obsesión por el resultado… Prescinde del resultado y goza de la experiencia…
No lo hagas por el éxito y tendrás éxito.
Hazlo por ser coherente contigo y con tu forma de ver el mundo… Porque tus sueños te ponen las pilas y tus metas te hacen volar…
No lo hagas por tener, hazlo por ser. Conviértete en esa persona que no necesita demostrar nada porque sabe que es.
No lo hagas por lo que tendrás sino por el sentido que le dará a tu vida.
Ama la incertidumbre de no saber cómo ni cuándo, pero teniendo clarísimo el qué y el para qué.
Abraza la paciencia y deja de preocuparte por qué dirán. Nadie vivirá por ti la vida insulsa que te espera si no lo haces.
El mundo está lleno de ilusiones rotas que toparon con miradas inquisitivas y no supieron pasar de largo… La única mirada que cuenta es la tuya.
No te desesperes, no busques atajos, no bombardees al mundo con incoherencia… No actúes sin notar, sin sentir… No te dejes llevar por esa parte de ti que no confía y no sabe esperar mientras planifica, no te maltrates pensando que no saldrá bien… Sigue trabajando en ti y en tu sueño, sigue sembrando, sigue cuidando de lo que siembras, sigue aprendiendo, sigue sumando, sigue aportando…
Lo que importa es cómo te sientes contigo y cómo te llamas cuando te buscas, qué nombres encuentras para susurrarte, qué momentos llenan tu vida… Que encuentres tu equilibrio, que sepas que estás en ese lugar desde el cual se construye, se crea, se sigue caminando motivado y apasionado por lo que amas.
Vive la belleza del momento en que notas que lo que haces es lo que eres. Que estás en tu camino y ocupas tu lugar en el mundo.
Hazlo perfecto sin buscar la perfección, sino soñando la excelencia… Si sufrir por no llegar sino con la ilusión del que sabe que llega y del que no tiene que preocuparse por la nota final.
Hazlo con ganas sin tener que esforzarte porque te gusta tanto que te sale solo…
Porque lo amas tanto que lo harías gratis, pero es tan maravilloso que mereces recibir lo mejor a cambio.
Hazlo porque asumes que es tu misión, pero sabes que puedes elegir.
Por responsabilidad con tu vida, con las personas que te rodean, por los sueños que te zarandean y consiguen que hagas imposibles…
Hazlo porque no eres capaz de resignarte a no ser tu mejor versión y ceder al miedo.
Porque te sale el talento por los poros y no puedes más que ponerlo a circular y trabajar para que crezca y pueda ser compartido.
Descúbrete , asúmete, nótate… Hazlo porque ya no hay vuelta atrás. Porque llegado a este punto, te das cuenta de que ya puedes fingir que no ves o que no sabes, que no sientes. Porque ya estás comprometido contigo y con esa forma nueva de ver lo que te rodea.
Y si te dejas llevar por la pasión y te dedicas a hacer lo que realmente amas es inevitable que vayas a triunfar.
Planifica desde el corazón, sintiendo cada paso. No te fuerces pero no te pares…
Es inevitable que funcione porque todas tus fibras están en sintonía.
Es inevitable que salga bien porque confías en ti…
Es inevitable que tengas éxito porque ahora sabes quién eres de verdad y has sellado tu compromiso.
Educando en el pasado

Educando en el pasado

nina-hojas


Dice el coach Raimon Samsó que el 65% de los alumnos actuales de Primaria van a estudiar carreras para puestos de trabajo que no existirán.
No lo dice ahora, ya en su libro “El código del dinero” sobre libertad financiera y cambio personal lo dejaba claro hace años afirmando que si el trabajo que haces lo puede hacer una máquina u otra persona por menos estás perdido. En el que libro ya trata sobre de la diferencia entre vender tu tiempo a cambio de un sueldo o aportar tu valor y ser tu propio jefe.
Hace tiempo que entramos en otra era, pero parece que no nos hemos dado cuenta o no queremos porque nos asusta demasiado asumir el poder de llevar las riendas de nuestras vidas. Fingimos que todo es como antes, trabajos seguros, vidas estáticas… Y nada es así ni lo será. Estamos abocados a  trabajos de subsistencia que no te permiten subsistir o a tomar la decisión de apostar por nosotros mismos y por la excelencia, por aportar el talento y dar un plus… Esos trabajos que tienen que ver con la creatividad, con innovar y servir a los demás son la única baza que tenemos para vivir las vidas que merecemos y encontrar nuestro sitio.…
No educamos a nuestros hijos para que ocupen su lugar en el mundo y entiendan que tiene poder sobre su vida. Les educamos para pelear hasta el absurdo, hasta la extenuación, por algo que ni tan solo saben si desean.
Me decía mi hija el otro día que desde hace un tiempo en la escuela “ya no crea nada nuevo” seguramente porque se hace mayor y han dejado de lado la experimentación para pasar a la fase de almacenaje de datos puros y duros. Y eso que en su escuela transmiten mucho más, están abiertos y los profesores son personas que ponen el alma en lo que hacen, pero lo hacen con las herramientas que les dan y ceñidos a un programa establecido… La verdad es que conocer  es importante, pero no como mero acto de almacenar para luego volcar en un examen sino para comprender y crecer a partir de lo que eso te sugiere. Sabemos mucho de historia, pero está claro que no la hemos interiorizado porque nos dedicamos a repetir los mismos errores…  Hay que aprenderlo, no nos va mal  la gimnasia mental y saber  el origen de todo, pero hay que revisarlo porque hay que trascender la teoría y entusiasmar.  Hace falta incentivar a crear, a cuestionar, a buscar otras maneras, a despegar, a despertar la curiosidad…
Y eso no es sólo trabajo de la escuela, es un trabajo de toda la sociedad, empezando por lo que ven y oyen en casa.
No podemos vivir vidas a medias y esperar que nuestros hijos sepan lo que son vidas enteras.
No podemos conformarnos con pensar dentro de un recuadro y esperar que nuestros hijos entiendan que pueden ir más allá y romper moldes.
Estamos ante un nuevo paradigma y de nada sirve esconder la cabeza y esperar que a que pase, porque no pasará. Hay que enseñarles a pensar y decidir, a asumir, a comunicar, a aceptar y encontrar el aprendizaje, a empatizar con otras personas y a liderar sus vidas.
No podemos educarles como a ovejas y esperar que sean pastores.
Debemos enseñarles a entender a las personas y cooperar con ellas… Eso es el futuro. Las personas… Lo que sueñan y lo que necesitan.
Hay algo que pueden hacer nuestros hijos que otras personas necesitan y pagarán por ello. Hay que darles alas para que lo descubran y desplieguen su valor, para que pongan en práctica sus dones y se enamoren de lo que son capaces de hacer, que lo vivan y lo contagien.
Para que descubran cómo dar servicio a las personas. Cómo entretenerlas, cómo hacerlas pensar, cómo conmoverlas, cómo entusiasmarlas, cómo cuidarlas cuando están enfermas, cómo calmarlas cuando están desesperadas, cómo ayudarlas a planificar su futuro, cómo construir casas mejores para ellas, cómo acompañarlas …
cometa
Como dice  Samsó, cualquier cosa que no haga una máquina.
Cualquier cosa que suponga poner tu talento y tu actitud a su servicio. Que te haga útil y te diferencie de lo que ofrecen los demás. Nuestros hijos triunfarán en sus vidas si reconocen sus diferencias y las ponen a trabajar… Sin embargo, es difícil que lo hagan si nos pasamos la vida inculcándoles que es mejor encajar y pasar desapercibido. Si cuando alguien es distinto, le señalamos con el dedo.
Nos tenemos que plantear ya enseñar a nuestros hijos a tener el poder sobre sus vidas, cómo administrarlas, darles cultura financiera, gestión emocional… Nos falta mostrarles cómo cambiar los dogmas y darles la vuelta, cómo despertar y disolver todas sus creencias limitantes. Aunque tal vez para eso, primero debemos aprenderlo nosotros porque nos movemos como autómatas y vivimos con el piloto automático puesto…
La verdad es que hemos delegado nuestra  tarea como padres porque estamos ocupados pensando cómo sobrevivir y trabajando mil horas para un suelo de miseria… Y eso es lo que ven nuestros hijos… Cansancio, negatividad, pensamientos en bucle corrompidos por ideas que ya eran caducas cuando nacieron porque hablaban de una forma de ver la vida con miedo… Ansiedad, desesperanza, queja constante… Nuestros hijos ven como comemos sin notar que comemos, como dormimos sin dormir, como se nos pasa la vida sin vivirla como merecemos.
Y aprenden a creer que no se merecen más. Y cuando crees que no lo mereces, no lo consigues porque ya no no forma parte de tu vida, porque ya no lo imaginas posible.
No les educamos para quererse a ellos mismos… Cuando un ser humano no se quiere a sí mismo, se conforma con migajas y tolera lo intolerable para él y para otros. No les dejamos experimentar, ni caer, ni ensuciarse ni hacer nada al revés, a ver qué pasa…
Estamos educando a nuestros hijos para tener miedo, con miedos prestados, los nuestros, los de siempre, los de nuestros padres y los padres de nuestros padres.  No les enseñamos a imaginar otros mundos, otras posibilidades, a hacerse preguntas impertinentes… No les enseñamos a crear las oportunidades que necesitan, no les hemos dicho que su vida dependerá de cómo ellos sepan crearla. Les educamos para que sean personas tristes y desesperadas con un futuro triste y lleno de desesperación.
Y en la escuela, les enseñan a ser hombres y mujeres del siglo XX.  Les educan para el pasado… Para ser personas limitadas y determinadas, sin saber gestionar ni sus emociones ni su economía,  con una cultura  basada en callar y obedecer.
Nos obsesiona que dominen la técnica, que sepan qué botón apretar. Y no nos damos cuenta de que cuando sean mayores todo el mundo sabrá qué botón apretar (de hecho, ya casi nadie apretará botones) pero no les preparamos para aguantar la presión que supone apretarlo, decidir cuándo, llevar un equipo de personas, gestionar sus emociones, confiar en sus capacidades, vivir con la actitud necesaria para sentirse capaces de lo que sueñan, ser quienes verdaderamente son y no limitarse.
Les educamos para sufrir como nos educaron a nosotros. Como si sufrir fuera la forma de conseguir lo que quieres, como si sufriendo se acumularan puntos y al final de la partida los pudiéramos canjear  por… ¿felicidad? no, nunca, cuando sufres por algo nunca consigues paz… Tal vez una falsa sensación de perdón o de dejar la culpa un rato. La felicidad es vivir en paz cada día y saber que estás de tu parte, que confías en ti y en la vida, que sabes quién eres y actúas de forma coherente a cada momento.
Falla el sistema, que educa para bajar la cabeza y resignarse. Para pasarse la vida luchando por muy poco y quejándose por no llegar a la cima a pesar de esforzarse al máximo… Nos educan para cargar culpas y obedecemos sin rechistar, nos educan para pensar que no conseguiremos nunca nada y no conseguimos nunca nada…
Nos despojan de nuestro poder al nacer y nos obligan a intentar derribar muros macizos en lugar de decirnos que los podremos saltar si nos dejamos llevar por nuestras ganas e imaginación… Y nos golpeamos una y otra vez porque no sabemos que hay alternativas.
Nos educan para que pensemos que el trabajo es un privilegio y que hay que sufrir mucho en él… Y no disfrutamos haciéndolo porque no nos identificamos… No nos hace sentir que valemos, que aportamos…Y no en consecuencia, no llega la magia que se crea cuando amas lo que haces y brillas.
Triunfar requiere trabajo, cierto, pero con amor, con felicidad, con entusiasmo, con emoción… Se trata de un trabajo interior sobre todo. Eso que hace que parezca un suspiro y cuando llega el lunes estés pensando en el montón de cosas maravillosas que tienes por hacer…
El futuro no debe dolernos… Y para ello no nos debe doler el presente. No tenemos porque ser infelices para ganar una miseria… Seamos felices haciendo lo que amamos y que eso sirva para que otras personas sean felices.
Y mi hija me pregunta… ¿Cómo sabré  qué quiero ser yo de mayor, mamá?
Complicado, pero si te escuchas a ti misma, lo sabrás. Porque es algo que te saldrá solo. Algo a lo que dedicarás horas sin darte cuenta y te sentirás satisfecha. Algo que harías sin cobrar,  pero que tiene mucho valor para los demás y merece el dinero que cobrarás y aún más… Algo que será bueno para otras personas y les aportará beneficios. Algo que te hará vibrar y que te dejará tiempo para ser millones de otras cosas en la vida… Algo que te hará feliz a ti y a demás… Algo que te llenará tanto que no te quedará duda alguna que es tu misión, lo que has venido a hacer a este mundo… Lo sabrás porque todo lo que haces, en el fondo, es lo que tú eres.