Manual de Autoestima para mujeres guerreras es un libro para todas esas mujeres hartas de luchar y esforzarse cada día que no consiguen resultados. Mujeres que sufren y acaban agotadas, que «guerrean» con la vida para hacerse un hueco y muestran su talento, pero que incluso dándolo todo no llegan a sus metas. Es un libro para mujeres que dan mucho y reciben poco. Mujeres que por la noche cuando se acuestan están exhaustas y tienen la sensación de tragarse los días sin vivirlos y desperdiciar momentos. Mujeres asustadas que a pesar del miedo se levantan cada día para seguir adelante, incluso cuando pierden la esperanza porque la vida les araña, les duele, les pone la zancadilla. Mujeres que se sienten rotas por el dolor físico y anímico y que hace mucho tiempo que tienen una asignatura pendiente que lo cambia todo en sus vidas… Amarse.

Este es un libro para aprender a reconocerse y amarse. Para dejar de golpearse contra el muro y pelear con la vida y empezar a soltar miedos, dolor, tristeza… Para comprender quiénes somos y qué está a nuestro alcance para lograrlo. Este tal vez es mi libro más personal porque en él hablo de mi experiencia como “mujer guerrera” y cómo conseguí convertirme en “exploradora” para vivir su vida desde la paz y la coherencia. Algo que todavía estoy aprendiendo puesto que el camino no es fácil y me queda mucho por recorrer. Es un libro para mujeres que invita a los hombres a leerlo, no sólo para comprender a las mujeres sino porque también hay muchos hombres que se sienten igual… Porque para todos es igualmente importante aprender a amarnos y conocernos.

A continuación el Inicio del libro. Espero que te guste.

Bienvenida guerrera.

Te escribo porque sé que estás cansada de buscar y no encuentras. Porque estás harta de pelear por todo y ya te has dado cuenta de que no sirve de nada… Sé que hay días en que te duele todo. Te duele hasta lo que no sabes dónde y no tiene un nombre concreto. Te duele el pasado que se remueve en ti buscando una salida y el futuro que no ves y que nunca toma la forma que sueñas. La vida es una sucesión de días que se encadenan unos a otros y que va tan rápido que no te deja tiempo para sentir ni respirar. Y sé que te parece que el mundo es un lugar diseñado para darte la espalda y ponerte la vida muy difícil y arrastrada…

[read more=”Haga click aquí para leer más” less=”Leer menos”]

Te escribo porque sé que no te amas, aunque también tengo claro que eso no te ha impedido ponerte en primera fila a plantarle cara a todo y todos, a decirle a la vida que puedes, que te echen lo que te echen encima te pondrás en pie y seguirás dando la lata, hasta que todo sea más justo, hasta que puedas sentarte un rato y respirar tranquila… Nunca llega ese momento ¿Verdad?

Siempre piensas en ello… En tener un rato para ti, para notarte, para sentirte, para soltar la pesada carga que arrastras y dejar de tirar de este carro que cada día lleva más gente montada encima.

Siempre quieres dejar de empujar para conseguirlo todo pero nunca puedes porque sabes que si dejas de hacerlo todo se desmoronará ante ti, nadie hará guardia en garita en la que tú pasas la horas vigilando que lo que has construido no se destruya ni se rompa, nadie se acordará de hacer todo lo que tú haces… Por eso nunca paras y cada día te cuesta más respirar hondo y notarte dentro de ti misma. Vas por inercia, gracias a un piloto automático que te permite tener superpoderes , pero no te deja vivir… No hay paz para las guerreras.

Te escribo porque sé que no es fácil. Que nada es fácil para ti. Nunca lo ha sido. Todo es una montaña rusa, una lucha constante, un viaje lleno de trampas en terreno minado, un camino plagado de rincones oscuros y fantasmas que te asaltan por las esquinas…

Te escribo porque sé que siempre repartes y te quedas sin nada y nunca eres una prioridad en tu vida… Porque caminas tan sola que has decidido no contarle a nadie que sientes esa soledad porque eso es permitir que tome forma.

Te escribo a ti, guerrera, para que sepas que sé que estás harta y empieces a tomar consciencia de que debes llevar la riendas de tu vida… Te escribo a ti, compañera de batallas, para que sueltes la carga y bajes las armas y dejes de estar siempre alerta… Para que te tomes un respiro en una vida que te arrebata la vida. Para que vivas en ti y en nadie más que no decidas… Para que dejes de esperar que otros te den lo que no te das y que comprendas que eres maravillosa y no necesitas que nadie te lo recuerde y te dé permiso para ser tú misma…

Te escribo a ti, guerrera sin tregua, para que empieces a usar tu poder, pero no para hacerlo todo sino para descubrir que no necesitas hacer nada para merecer lo mejor, porque ya eres esa persona que lo merece… Porque ya mereces sin tener que suplicar, sin pedir, sin esforzarte, sin luchar, sin arrastrar, sin quedar exhausta y acabar el día suplicando que no salga el sol porque eso es volver a empezar.

Te escribo a ti guerrera porque sé el secreto para que todo eso cambie… Tengo el antídoto ante tanto sufrimiento y angustia… Se llama AMOR y esta vez amiga sólo depende de ti y eso es una gran noticia porque tú y yo sabemos que todo lo que te propones es posible si es por tu empeño… Tantos años de guerrera no son en balde, tienes capacidad y fuerza de sobra… Pero esta vez, no la vas a usar para pedir y conmover al mundo… Vas a usarla para ti, vas a ponerla a tu servicio. Vas a hacerte este gran regalo que todo lo cambia… Vas a curar tu autoestima herida y a liderar tu vida.

Vas de dejar de pelear por todo y encontrar el camino más fácil…

Vas a descubrir que no tienes que ser perfecta porque ya lo eres y en realidad no importa.

Vas de darte cuenta de que no puedes con todo y no hace falta porque todo tiene su tiempo y su sentido en la vida…

Vas a bailar sin música y caminar bajo la lluvia sin que te importe qué piensan de ti.

Vas a vivir una historia de amor contigo y esa relación maravillosa va a cambiarte la vida…

Todo es una decisión

Yo también he sido una guerrera y mi cuerpo quedó roto por no dejar las armas… He batallado tanto que me he atacado a mí misma y me he cortado las alas. He arrastrado tanta culpa y tanto miedo que incluso con alas jamás habría podido volar… La única forma es soltar… Soltar tus miedos, las creencias que limitan tu vida, tu necesidad de controlarlo todo para sea perfecto, tu necesidad de hacerlo todo por los demás y quedarte a medias, soltar tu máscara de amazona feroz y convertirte en esa mujer que baila, que susurra, que camina tranquila una tarde y toma café sin pedir permiso ni perdón por dedicarse un tiempo…

Yo también creí que podía con todo y me dejé poco margen para el error y me castigué cuando fallaba sin valorar que estaba las veinticuatro horas, los siente días sin parar… Yo también me miré al espejo y me sentí la más fea sin ser capaz de mirar en mi interior y me caí en un pozo sin fondo cada noche para levantarme cada mañana como si nada…

Lo haces ¿verdad? Cada día te quejas porque no puedes más al atardecer pero al despertar antes que nadie cada mañana vuelves a empezar y haces lo mismo… Lo haces por supervivencia, por amor a todo menos a ti misma, por compromiso, por valor, por temor, porque hoy no ves otra salida…

En este libro te explico cómo salir del círculo vicioso, como bajar del tren del dolor, cómo salir de este tú que te traiciona cada día y busca cómplices para machacarse vida… Basta, di basta ya porque no mereces eso… Di basta y empieza a vivir.

Si no te amas como mereces, nada de lo que hagas tendrá sentido. Pasarás tu vida buscando fórmulas para tapar ese vacío enorme. A veces, comprarás compulsivamente. Otras no podrás comprar o te negarás el honor de invertir en ti. Puede que tengas todo lo que humanamente deseas o desees todo lo que humanamente no tienes pero si no estás de tu parte, no te queda nada.

Cuando no te amas, nadie te ama. Porque la vida pone ante nosotros a personas y situaciones que nos infravaloran y nos desprecian para que despertemos de una vez por todas y digamos basta… Para que nos plantemos y nos demos cuenta de que el panorama que hay ante nosotros es un reflejo fiel del panorama desolador que llevamos dentro… La vida que vivimos es nuestra versión de lo que es la vida. Un espejo que nos permite tener claro qué debemos solucionar. Y la respuesta a lo que buscamos siempre está dentro, nunca fuera. Siempre es amor, nunca venganza, necesidad de demostrar, de acumular méritos o de recibir elogios. Todo eso es un sucedáneo burdo y primitivo de lo que realmente buscamos, amor real, ese amor que sólo llega cuando has aprendido a dártelo tú mismo primero.

Es como si al despertar cada día, sintonizáramos una emisora de radio donde siempre ponen canciones tristes y siempre nos lamentáramos de porque no nos gusta escucharlas, pero nunca tomáramos la decisión de cambiar de emisora.

Hay muchas razones porque las que no cambiamos de emisora… Porque pensamos que no se puede cambiar porque es complicado, porque no creemos merecer otra emisora alegre, porque alguien nos dijo que no hay más emisoras y nos lo creímos… Te parece absurdo, tal vez, pero tenemos ese tipo de creencias sobre nosotros y ni siquiera somos conscientes de muchas de ellas. Las llevamos ahí metidas, como en un mantra, dejamos que nos definan, nos limiten, nos recorten las alas y no podemos borrarlas porque nunca hemos descubierto que existen… Y todas esas creencias limitantes sobre el dinero que nunca tendremos porque ser honrado es de pobres, las comodidades de las que nunca gozaremos porque la vida no es fácil o el amor al que nunca conoceremos porque nadie puede enamorarse de nosotros se resumen en uno : no nos amamos, no nos creemos dignos, no merecemos lo mejor de la vida…

Escribo este libro porque me ha costado mucho amarme y durante largos períodos de mi vida pensé que nunca lo conseguiría. Quererme me parecía tan complicado como escalar el Everest o cruzar un océano a nado. No me sentía digna, tenía una sensación rara desde siempre… Como si todos los demás estuvieran fabricados de una sustancia diferente, hechos con un molde distinto y yo no encajara. Como si nunca nada fuera a ser fácil, porque lo sencillo era para mí algo desconocido… Como si cuando me decidiera a entrar en cada uno de mis anhelados sueños, alguien en la puerta me fuera a detener y decirme «tú no» y me dedicara una sonora carcajada que se contagiaría entre todos los que hacen cola para entrar y los que ya están dentro. Y todo el mundo me mirara y pensara cómo era posible que alguien como yo creyera por un instante que podía pertenecer a ese mundo y osara entrar. Así me sentí siempre, como si todos supieran algo que yo desconocía y estuviera siempre en desventaja. Como si mi sola presencia fuera una provocación, un estorbo, un fardo inerte con el que tropezar y sentirse incómodo. El mundo se componía de los demás y yo. Yo era la pieza que se había equivocado de puzle y no encajaba. A veces, me quedaba al margen y veía a otras piezas como yo que tampoco se sentían aceptadas y me sentía extrañamente recompensada, como si su desgracia fuera mi bálsamo ante la soledad. Somos tan absurdos que pensamos que la desgracia ajena nos asegura el éxito y que el éxito ajeno nos perjudica, cuando en realidad es todo lo contrario… Entre los «perdedores» tampoco todo es bondad… Somos personas todos y nos dejamos llevar y juzgamos y nos pisamos unos a otros porque eso nos hace creer que sumamos puntos para parecer más dignos… ¿No te has fijado que cuando alguien expulsa a unos cuantos del paraíso en el infierno los desterrados también se organizan para que entre ellos haya castas? Incluso allí, siempre hay alguien que de la forma más mezquina posible decide tiranizar y otros se acomodan a ser tiranizados…

Y siempre es por falta de amor… Amor propio, del de verdad.

Mientras escribo esto, mi hija echa un vistazo a mis palabras y me pregunta : Mamá ¿qué prefieres, ser listo y feo o guapo y tonto?

Y yo le respondo ¿Tú que crees que elegiría? Y mi hija me dice que seguro que listo y feo.

Uf, qué gran trampa, le cuento. Es un respuesta admirable porque no le da todo el poder al físico pero te encierra en un círculo, te obliga a pensar en bucle, te esclaviza y te encierra en una creencia absurda… No tienes que elegir, basta con que sientas que puedes serlo todo.

No caigamos en la trampa de pensar quedándonos cortos y sentir impotencia. Somos perfectos tal y como somos. Somos tal y como debemos para aprender lo que hemos venido a aprender a este vida. Y no dependemos de la decisión de nadie para sentirnos las personas más maravillosas del mundo. Para ver belleza en todas partes, incluso en nosotros. No hay que escoger, lo eres todo y ya eres perfecto.

Durante años sentí que la vida era siempre injusta, mucho, conmigo más que con nadie. Y una rabia enorme se quedó almacenada en mí esperando salir. Tuve suerte o encontré lo que buscaba porque siempre llega, me puse a escribir y descubrí que mi dolor en realidad era belleza contenida en amargura… Mis lágrimas eras palabras que contaban historias y podía ayudar a otras personas que también almacenaban lágrimas.

Podría decir que he perdido años de mi vida mientras buscaba la forma de amarme, pero me gusta pensar que en realidad pasé años encontrando mil formas de no me ayudaron a conseguirlo però que reafirmaron en mí la decisión que hace tiempo tomé.

Amarse es una decisión. O la tomas o no la tomas. Si lo decides ahora, la vida pondrá en marcha todos los mecanismos necesarios para que lo consigas. Y pasará, si persistes pasará porque no hay mayor evidencia de amor a uno mismo que dedicar un tiempo de tu vida a intentar amarte, poner tu empeño y no claudicar.

En el fondo, todo lo que deseamos conseguir en la vida es fruto de una decisión. Aceptar, perdonar, soltar, confiar… Para mí estas cuatro palabras son la forma de vivir una vida con sentido, una vida en paz y equilibrio. Una vida coherente… La coherencia es respeto por uno mismo, es equilibrio, es amor, en realidad. Porque te permite acercarte a lo que te hace bien y alejarte de lo que has decretado no merecer. Mereces lo mejor, mientras te conformes con menos estarás enviándole a la vida en mensaje de que no vales, no eres digno, no mereces lo bueno…

No es fácil este camino, no voy a mentirte, aunque en realidad es muy sencillo. No hay mucho que hacer, es más un deshacer lo que llevamos dentro que nos impide encontrarnos y aceptarnos.

Cuando no te amas, no comprendes cómo es amarse pero vives las consecuencias de no haber tomado la decisión de quererte de una vez por todas.

Cuando no te amas, la vida pone ante ti todas las herramientas para que lo consigas una y otra vez para que te des cuenta de que estás resignado a una situación que no te conviene ni tiene que ver contigo.

Cuando no te amas, hay en ti un enemigo que te pone la zancadilla cada día para alejarte de lo que sueñas y te obliga a culpar a otros para que no te des cuenta de que tienes el poder de cambiar y siempre repitas las mismas situaciones.

El día que me di cuenta de que me amaba

Lo recuerdo claro. Era una mañana de domingo, un mes de setiembre. Estaba paseando por la playa, había llovido y todo estaba solitario. Había una luz preciosa, de un brillo anacarado que tocaba el agua gris del mar y me cegaba los ojos… Pensé que era precioso, raramente precioso. Me senté en las escaleras de un chiringuito cerrado y miré a una joven sentada en la arena. Me pareció una mujer muy hermosa… Y en aquel momento, me di cuenta de que estaba sola y llevaba largo rato… Aunque al contrario de siempre, era una soledad buscada y deliciosa, esa sensación por primera vez en mi vida me parecía agradable y reconfortante… Y me sentí de mi parte, libre, sin tener que defenderme ante mí, sin luchar contra mí, sin ninguna culpa por no ser o no llegar… Y me di cuenta de que me quería y que todo me parecía hermoso porque yo me sentía hermosa. Y supe que me amaba.

Cuando te amas ves belleza en todo lo que te rodea, en las cosas, lugares y personas…

Cuando te amas, buscas soledad igual que buscas buena compañía porque tú te sientes la mejor compañía.

Cuando te amas, estás de tu parte…

Noté como las lágrimas de felicidad caían por mis mejillas y le envié un mensaje a una amiga sin saber cómo contarle lo que me palpitaba por dentro… Creo que me quiero, le dije… Sí, sí, esto tiene que ser amor y es maravilloso…

La verdad es que yo no sé nada, me queda mucho por aprender todavía… Hay partes de mí que ni siquiera se han aceptado ni han podido asimilar el pasado sin sobresalto. Aunque lo que cuenta, creo, es haber aprendido a comprender el dolor y, en lugar de dejarlo guardado, ser capaz de usarlo como impulso. Escribo este libro porque deseo que tú también sientas eso. A tu manera, en tu playa, a su momento… Para que dejes la guerra y vivas en paz.

Lo único que necesitas es decidirlo.

¿Y si lo decides hoy?

Notas importantes :

1-Los hombres que se sientan así y quieran amarse de una vez por todas, están invitados… También lo están los que tenga cerca mujeres guerreras y quieran comprender porque ellas se sienten como se sienten. No somos tan distintos, todos estamos cansados y hartos de vivir sin vivir y de luchar para no conseguir nada. Este libro es también vuestro… Gracias por acercaros.

2-Este libro no va de fórmulas mágicas ni soluciones facilonas de fin de semana. Creo en la magia, profundamente y he visto en mi vida situaciones milagrosas, es cierto. Sin embargo, los milagros son siempre fruto de una transformación intensa en nuestro interior, un cambio en nuestra percepción de la vida, en nuestra manera de pensar, sentir y actuar, un trabajo interior que nos lleva a reconocer quiénes somos y amar lo que es, sin esperar nada del mundo. Sabiendo que todo lo que llegará ya está dentro. No vamos a cambiar lo que nos rodea, nadie ahí a fuera nos va a salvar si no decidimos salvarnos a nosotros mismos… Aunque mi experiencia me dice y demuestra que cuando eres capaz de dar ese vuelco, de hacer ese trabajo maravilloso de autoconocimiento, que cuando te sumerges en ti y descubres qué te ocultabas, tu cambio interior impregna todo lo que te rodea… Justo cuando sientes esa paz, el mundo cambia cuando ya no esperas que cambie, en gran parte, y lo que no cambia, en el fondo, deja de importarte, porque has encontrado un tesoro mayor con el que soñar… Tú.

La búsqueda de lo que quieres no es más que la transformación que necesitas para hacerlo presente, Rafael Vídac

[/read]