El mundo no te dará nada que tú no seas capaz de darte a ti mismo

El mundo no te dará nada que tú no seas capaz de darte a ti mismo

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Esperamos demasiado de todo y de todos.
Vivimos de la fantasía de cambiar el mundo para que sea como soñamos, como si pudiéramos dibujarlo y luego sentarnos en él a criticar lo que nos duele y nos araña.
Y no es que no esté bien soñar y visualizar lo soñado, al contrario, el problema es que decidimos que el mundo tiene que responder a nuestras expectativas y colmar todas nuestras ilusiones. No queremos aceptar cómo es y gastamos nuestra energía resistiéndonos a reconocer y asumir la realidad.
Vamos por al vida buscando salvadores, príncipes azules, maestros, mentores… Queremos que alguien nos saque del abismo en que nos sentimos metidos… Buscamos fórmulas mágicas y cambios exprés. Queremos encontrar la lámpara y despertar al genio para que nos conceda tres deseos que en el fondo son el mismo… El amor que nosotros no nos damos.
Esperamos que los demás nos solucionen el vacío que hay en nosotros. Nos negamos a ver la realidad y forzamos las situaciones hasta que todo estalla… Les forzamos a ser como no son para satisfacer nuestra falta de cariño… Les queremos usar para calmar nuestro dolor por no amarnos mientras ellos hacen lo mismo con nosotros. 
Cuando nos enamoramos, esperamos que el otro corresponda y colme nuestra vida de felicidad. Le cargamos con esa responsabilidad gigante. Delegamos en él toda nuestra dicha presente y futura y esperamos que soporte el peso de tanta necesidad… Cuando descubrimos nuestro talento, necesitamos que otros nos den oportunidades para brillar, que nos saquen del anonimato y nos aseguren el futuro. 
Por un lado, desconfiamos de todo y de todos y por otro, le damos a los demás el poder de decidir sobre nuestras vidas, el mando que activa el interruptor de nuestro bienestar y nuestra alegría… Y después nos corroe la rabia si no saben usarlo, si deciden no usarlo y salir corriendo porque no aguantan más la presión. Entonces, en lugar de aprender esa lección, la de no volver a poner nuestra felicidad en manos de otro, salimos a la calle a buscar a la siguiente persona a quién darle de nuevo el mando de nuestra vida sin comprender que debemos llevarlo nosotros. 
Esperamos ser salvados por otros cuando las únicas personas que pueden salvarnos somos nosotros mismos.
Si nada esperas, nada pierdes. Y además dejas de buscar donde no hay… Porque no hay nada ahí afuera que pueda satisfacer lo que no sabemos encontrar dentro. Nada en el mundo es capaz de suplir nuestra falta de autoestima.
Y no es porque las personas no sean capaces de lo más hermoso, lo son y es bueno verlas así,  pero no podemos obligarlas a que sean y respondan como nosotros deseamos.
No podemos escribir un guión sobre cómo deben ser con nosotros y luego enfadarnos porque no responden a nuestras expectativas y no se saben el papel… No podemos poner en manos de otros nuestro estado de ánimo y esperar que actúen como soñamos… Y que lo hagan ahora y aquí.
No podemos enfadarnos porque ejerzan su libertad de ser distintos a como hemos planeado y escriban su propia historia…No han nacido para satisfacernos ni nosotros para satisfacerles a ellos. Lo único que podemos hacer para honrarles es amarles tal y como son y aceptar que no cumplan nuestras expectativas. 
No podemos culparles de nuestras miserias, porque eso es privarnos a nosotros del poder de llevar las riendas de nuestras vidas y cambiarlas.
No podemos porque no somos dueños de nadie, sólo de nuestros pensamientos, nuestros actos, nuestras decisiones…
No podemos porque esperar que otro te dé las respuestas es presionarle y manipularle para que se dedique a cumplir tus sueños y no los suyos propios…
Si dejamos de esperar, dejamos de sufrir. Dejamos que la vida nos sorprenda mientras empezamos a actuar para cambiar nuestro mundo. Permitimos que las cosas pasen mientras nos dedicamos a focalizarnos en lo que nosotros queremos…
Porque al final, las personas nos tratan como nosotros nos tratamos. Y cuando alguien es infeliz y espera a que otro haga algo para cambiar eso no se trata bien a sí mismo y en consecuencia no será correspondido… Y si lo es, lo que reciba nunca llenará ese hueco que sólo puede ser llenado por nosotros mismos.  En el fondo, a veces, nos comportamos como zombies que se alimentan de zombies pensando que así podrán volver a la vida.
Nadie puede darte lo que tú no puedes darte a ti mismo. Porque esa es la forma en que la vida te envía el mensaje que necesitas aprender… Ya lo tienes todo, pero está dentro de ti no fuera. 
Las personas que se cruzan con nosotros son las personas que atraemos para entender qué nos pasa y cuál es el camino… Son espejos donde proyectamos nuestras creencias para que podamos entender quiénes somos y qué tenemos que desaprender y borrar de nuestras vidas.
Son la respuesta a nuestros miedos y llevan en sus mochilas los regalos que nuestros fantasmas les dieron para nosotros…
Les atraemos hacia nuestra vida para comprender lo que somos y qué necesitamos para crecer. De forma inconsciente, se acercan para no darnos lo que pedimos que nos den si eso supone negarnos… Para que sepamos que lo que suplicamos está en nosotros si somos capaces de cambiar la forma en que miramos al mundo…
Si les vemos como salvavidas, dejarán que nos ahoguemos para que nos demos cuenta de que sabemos nadar.
Si les pedimos amor para tapar el vacío que tenemos, nos arañan para que sepamos que el amor que buscamos ya es nuestro y el boquete que tenemos en el corazón sólo se tapa con autoestima.
Cuando esperas que otros te reconozcan méritos y te den medallas para asumir tu valor, ellos te ignoran y te rebajan para que de una vez por todas te quede claro que ya no necesitas demostrar nada.
El mundo no te acepta si no te aceptas. Sólo cuando dejas de pedirle permiso para ser tú y necesitar su aprobación, se da cuenta de que estás y te responde de la misma forma. El mundo no va a darte lo que esperas si no eres capaz de dártelo tú primero… 
Si te amas, encuentras personas que te respetan.
La única forma de conseguir respeto es respetándonos. Si no esperas ni coartas, recibes lo que sueñas.
Esperamos mucho de todo y de todos. Buscamos mar en el cielo y cielo en la tierra. Queremos ver con los oídos y besar con las manos…
Repetimos errores porque no somos capaces todavía de decirnos a la cara que las verdades más duras y necesarias, las que curan las heridas de golpe sólo con ser dichas e imaginadas, las que cortan lazos insanos y tienden manos a otras manos necesitadas…
Estamos cansados porque vivimos contra viento y trepamos los muros que nosotros construimos para alejarnos de lo que deseamos como castigo por una culpa inventada que decidimos cargar para ser perdonados por no parecer lo que esperamos…
Tapamos los agujeros que tenemos en el alma con parches que se caen y despegan continuamente porque en realidad el único pegamento somos nosotros.
Buscamos un consuelo que solo nosotros podemos darnos y hacemos preguntas cuyas respuestas sólo nosotros sabemos.
Encontramos enemigos fuera porque salimos a la calle a buscar una venganza que calme nuestra sed de amor y topamos con otras almas rotas que buscan dolor para expiar un tormento que ellas mismas se han impuesto…
¿Por qué no intentamos mirar a los demás con la compasión que merecen y vemos que en realidad están tan perdidos como nosotros?
El mundo no es como deseamos que sea. No podemos esperar siempre a que todo suceda pero no podemos forzar la máquina de la vida para que todo pase cuando queremos porque siempre conseguimos el efecto contrario… Más aún cuando lo que provocamos forma parte de un plan cuyo fin es tapar con un parche lo que solo se cura comprendiendo y aceptando. La única forma de incidir en él es amarlo, cambiar la forma en que lo miramos y ser capaces de ver lo hermoso. Sin esperar a que nos salve o nos dé la razón, sin desear que se adapte a nuestros deseos… Aceptando cómo es y entendiendo que lo más trágico que hay en él también es lo más trágico que hay en nosotros…
Y cuando entendemos eso, todo el amor con que vemos al mundo hace que cambie, todo lo que podemos aportar a él surte efecto, aunque sea pequeño, aunque no se note… A veces lo diminuto genera una espiral de cambios que que perturba lo que parecía imperturbable… El cambio en la forma de actuar de una abeja afecta a una colmena…
Si conseguimos cambiar nuestra actitud y actuar en consecuencia podemos conseguir lo que parecía imposible… Si somos coherencia, contagiaremos al mundo de coherencia…
Y así dejamos de esperar y nos ponemos a ser, a sentir, a vivir con las consecuencias de nuestra nueva forma de ver la vida, a latir con el mundo y ser el mundo, en lugar de quedarnos sentados juzgando lo terrible que es… En vez de lamentarnos por lo atroz que encontramos, seremos capaces de cambiarlo si antes nos transformamos a nosotros… El mundo que te rodea es un reflejo de tu mundo interior… Lo que ves en él es lo que no eres capaz de ver en ti, lo que ocultas, lo que intentas no sacar a la luz porque te avergüenza… Con las personas que se cruzan en nuestras vidas sucede lo mismo. Están ahí para que reconozcamos en ellos lo que no somos capaces de ver en nosotros y afrontemos de una vez por todas que nuestra oscuridad salga a la luz y podamos abrazarla para reconocernos por entero y amarnos de verdad.
El mundo no va a cambiar porque no nos guste. Es así de duro porque tiene muchas lecciones para darnos… La primera de ellas, que somos nosotros quiénes tenemos que dar el primer paso y poner nuestro ejemplo a su disposición.
El mundo no va a cambiar, sólo cambiarás tú, si quieres… Y ese movimiento pondrá en marcha un mecanismo maravilloso e impredecible que puede darle la vuelta a todo. A veces, la vida no es como esperamos, es incluso mejor si permitimos que fluya  a través de nosotros y tomamos las riendas… 
 
Ya basta…

Ya basta…

Nos preocupa tanto demostrar que ya no somos, parecemos.

Nos exponemos de forma tan calculada al mundo que perdemos la magia y la esencia… Estamos pendientes de si los demás nos cuestionan o de si nos dejan en ridículo que nos concentramos poco en nosotros… Y luego culpamos al mundo por no llegar, cuando en realidad es responsabilidad nuestra por buscar fuera lo que está dentro. Por esperar que nos aprueben y nos acepten cuando antes ni siquiera nos hemos aceptado y aprobado nosotros. 

Mientras te preocupas por aparentar no eres tú y eso te hace perder combustible, perder comba, delegar tu éxito en otros y dejar en manos de la suerte lo que en realidad es fruto de un trabajo… Nos bloqueamos a nosotros mismos porque estamos esperando a ser una versión más aceptable para darnos a conocer, cuando en realidad ya somos nuestra mejor versión esperando ocupar su lugar…

Mientras no eres tú mismo, perdido en parecer e ir dando zascas a los que te inoportunan, pierdes un tiempo valioso para crecer y aprender.

En realidad todo depende de ti y de tu confianza… Sin embargo, nos desalienta tanto no parecernos al molde que otros en su afán de ser mediocres han creado que nos rebajamos para encajar en él.

Nos recortamos las alas para no volar tan alto y no hacer sombra…

Nos apaciguamos el entusiasmo para luego no sufrir decepciones…

Nos achicamos los sueños porque primero nos hemos achicado a nosotros mismos… Y todas esas restricciones están en nuestra mente.

Ya basta de pensar que no merecemos. Basta de sentirnos indignos y de creer que para llegar hay que sufrir y alejarnos de la felicidad porque tenemos esa sensación heredada de que si tenemos un momento dulce, un dios vengativo nos va a castigar…

No hay castigos, ni culpas… Las inventamos  porque no vemos nuestra grandeza. No necesitamos nada de todo eso, sólo soltar y seguir andando. Sólo hay miedo a ser uno mismo y no parecerse el resto del mundo… Por eso, nos imaginamos pequeños y vivimos en una vida de casa de muñecas…

Nos creemos indignos de amor y en consecuencia la vida nos acerca amores diminutos para que nos quede claro que no son los amores que merecemos, para que aprendamos a querernos, para que descubramos que nuestro valor es incalculable y no depende de lo que piensen y opinen los demás…

Nos sentimos culpables por no ser como son otros y nos castigamos cada día cerrándonos puertas y gastándonos las bromas más pesadas… Nos apartamos de lo bueno que nos depara la vida porque no lo aceptamos, porque no permitimos que llegue… 

Ya basta de creer que otros sí y nosotros no. Estamos hecho de la misma sustancia maravillosa… Somos polvo de estrellas reciclado para brillar y apagamos nuestro brillo buscando excusas para no mostrarnos y viendo el horror antes que la belleza.

Basta de firmar en la casilla equivocada y aceptar pertenecer a una casta inferior y desheredada… Todos podemos salir del laberinto porque nosotros creamos el laberinto para entretenernos y alejarnos de lo que amamos cuando nos sentíamos diminutos y culpables… Ahora ya sabemos que merecemos lo mejor y podemos permitirnos abrir los brazos para que llegue…

Basta de no permitirnos subir al tren y besar el destino que deseamos.

Basta de sobrellevar angustias cuando nos toca vivir a rienda suelta.

Aunque suponga decidir y tomar caminos oscuros… Aunque tengamos que elegir no tomar frutas amargas para desayunar como es costumbre en nosotros y decidir arriesgarnos a probar otro menú… A veces, nos acostumbramos a lo amargo y cuando somos libres, nos cuesta soltarlo… 

Devoramos tanto dolor por rutina, por no cambiar ni confiar… Tragamos angustia como una medicina necesaria para expiar culpas y redimir pecados que no existen…

Pensamos que debemos pagar cara la osadía de imaginar que todo puede ser maravilloso para nosotros… Que la felicidad tiene un precio… Creemos que si nos preocupamos, estamos pagando el peaje para que todo salga bien ¿verdad? Y luego resulta que esto va al revés… Macabra ironía de la vida… El único precio a pagar por vivir como deseas es el compromiso contigo mismo… Tomar decisiones y atreverse, asumir la incomodidad de ser tú cuando el resto del mundo te pide que desistas. 

A veces, sufrimos ahora por no sufrir después… Y luego llegamos al después y descubrimos que era un lecho de rosas, pero no podemos disfrutarlo porque acumulamos tanto dolor y desánimo por el sufrimiento acumulado que tenemos el alma hecha jirones y la mente loca de buscar salidas que nosotros mismos nos bloqueamos…

Esa es la palabra, bloqueo. Nos bloqueamos lo hermoso porque nos sentimos horribles, feos, sucios… Nos bloqueamos el éxito porque olvidamos nuestro valor, nuestra capacidad de aportar y servir a otros a descubrir su valor…

Bloqueamos la felicidad por si llega y luego se va y el trance es tan amargo que no conseguimos volver a quedar dormidos y anestesiados y vivir de nuevo este sucedáneo de vida en el que estamos inmersos donde nada es de verdad pero no te tienta la esperanza…

Bloqueamos la vida por si nos gusta tanto que nos acostumbramos a ella y luego no sabemos vivirla desde la mediocridad en la que nos hemos sumergido. Lo hacemos para no sufrir demasiado cuando se acabe “lo bueno” mientras sufrimos de forma controlada por no ser nosotros mismos y volar tan alto como nos apetecería…

Ya basta de quedarse a un palmo de la gloria por si molesta a otros que no tienen previsto moverse.

Ya basta de no levantar la mano y decir aquí estoy por si te miran y piensan ¿Tú, de verdad?.

Basta ya de aceptar chantajes de los que no se atreven para que no te atrevas y abandones esta especie de cueva en la que vivimos a tientas y tragamos lo que toca sin rechistar…

Basta de buscas excusas y delegar responsabilidades para no tener que hacer lo incómodo, lo complicado, lo que hemos dejado pendiente para el día en que decidamos vivir.

Basta de pensar que dependemos de otros, que no hay más remedio, que no está hecho para nosotros, que nos viene grande, que nos queda lejos, que es complicado, que cuando lleguemos no habrá…

Basta de no amarnos suficiente y esperar que otros vean en nosotros lo que nosotros no somos capaces de ver… El amor es el principio de todo. La primera piedra de tu gran fortaleza.

El cielo no son esas nubes negras que nos acechan, es lo que está detrás cuando conseguimos apartarlas… Nosotros dibujamos las nubes negras cuando nos negamos a nosotros mismos y dejamos de confiar en nuestro potencial. Ya basta de ignorarlas y reprimirlas, de mirar al otro lado pensando que marcharán sin que reflexionemos sobre ellas y sintamos qué significan. 

No existe el problema. Lo hemos creado nosotros porque pensamos y sentimos que merecemos un problema, porque estamos convencidos de que no llegaremos… Nosotros construimos el muro que nos separa de lo que soñamos a base de imaginarlo, de creer que existe, de sentirnos separados de lo que deseamos y no confiar en lo que realmente somos… La verdad es que tú eres tu sueño y tu peor pesadilla, la persona que construye la jaula en la que te sientes preso y la que tiene la llave para abrirla y la capacidad de borrarla… Quién se dice que no y cierra la puerta.

Eres el muro que te separa de la vida que sueñas. Asume tu poder para cambiarlo.

El único obstáculo somos nosotros mismos siempre. Lo ponemos ahí para aprender algo justo antes de saltarlo y hacernos aún más enormes… Cuando apartemos nuestras dudas, el camino se abrirá. Cuando dejemos de imaginar que está lejos, nos daremos cuenta de que está muy cerca.

Y a las nubes negras hay que mirarlas de frente y abrazarlas, comprenderlas, saber su por qué y descubrir cómo atravesarlas… Son el regalo, la adversidad a superar, el aprendizaje que nos catapultará de forma inevitable a esa vida que deseamos vivir. 

Has ganado…

Has ganado…


Has ganado. Lo sientes, lo notas, algo te dice que  acabas de dejar atrás una etapa complicada y te abres paso en tu camino.

Lo sabes porque por primera vez en siglos te notas con más energía  y eres consciente del espacio que ocupas en el mundo… Te ves desde fuera, sin depender de nada ni de nadie para seguir más que de ti mismo.
Porque tienes ganas de reírte sin saber por qué y no te importa si no llega el motivo… El motivo de todo eres tú y esa sensación que te acompaña ahora y va contigo a todas partes… Entereza, sosiego, paz… Porque ya no necesitas motivos añadidos para nada, ni excusas, ni recuerdos en los que refugiarte para saber quién eres.

Lo notas porque no ves caras, ves personas. Y ya no las juzgas como antes. Te puedes poner en su piel y comprender que a veces están tan perdidas como tú y también se equivocan cuando se desesperan y se sienten solas. A todos nos pasa, cuando nos alejamos de lo que somos en esencia y nos sentimos sin nuestro propio abrazo, acabamos siendo siervos de un yo pequeño y asustado que te lleva a situaciones terribles… Como si le dejaras las llaves de tu casa a un niño que se cree el emperador y planea una venganza contra el mundo…
Sabes que has ganado porque te has dado cuenta de que en realidad tu meta es vivir y estar presente en tu vida sin tener que aferrarte a ningún resultado.
Porque ya no compites.
Porque no necesitas que nadie entienda lo que quieres, ni valide tu esencia.

Porque sabes que lo único que necesitas es creerlo. Tocar sin tocar y sentir antes de ser incluso capaz de entenderlo.
Vaciar la mente de todas esas ideas prestadas que dicen que sobras, que no llegarás, que nunca serás, que no mereces, que no sirves… Volver al niño que creía que todo era posible e imaginaba historias fantásticas sin salir de las cuatro paredes de su habitación. El que era capaz de crear un mundo con una caja de cartón y sentirlo tan real que notaba la magia.
Sólo necesitas aceptar que a veces el camino que lleva a la luz es tremendamente oscuro y solitario. Que a veces no hay tregua para el que ha tomado la decisión de encontrarse y ser él mismo hasta que deja las batallas absurdas y empieza a usar su poder real… Que el mecanismo para oír tu voz es primero callar… Que para poder olvidar el dolor primero hay que dejar que te habite y comprender qué significa… Que el que vence no es el que pelea y el que llega antes no es siempre el que va más rápido sino el que sabe dónde pisa…

Has ganado porque sabes cuál es tu lugar en el mundo y todo tiene sentido para ti. Porque has juntado por fin las pistas del puzzle y ves que lleva tu cara. Y no sales a la calle a buscar que te quieran sino a compartir lo que llevas dentro.
Porque has soltado tanto el lastre que flotas, que vuelas y mientras surcas tu cielo particular eres capaz de verlo todo desde ese punto en el que tienes claro que no hay batallas ni guerras… Que todo es hermoso aunque tenga espinas, que todo es magia aunque parezca gris. Que la vida cambia dependiendo de si abres mucho la ventana o decides seguir encerrado a oscuras en ti.

Porque ahora te oyes.
Ya no lloras sin lágrimas pidiendo que te vean, que te sientan, que se den cuenta de lo mucho que sueñas y todavía lo poco que abarcas. Porque no necesitas llamar la atención de nadie porque tienes la tuya…
Ya no suplicas al mundo que deje de ser mundo y se meta en tu piel gastada de romper burbujas asfixiantes y andar caminos a tientas.
Ya no pides que la sombra que te habita se desvanezca y puedas encontrarte de nuevo y saber a dónde vas. Aunque ya lo sabes, pero no te atreves a imaginarlo… Ya no te asusta salir de ti y descubrir todo lo que puedes llegar a ser ni evitas mirar en el fondo de tus ojos para no verlo y luego soñarlo y necesitarlo… Porque cuando sabes que podrías si quisieras, la conciencia ya no te da vacaciones y te impulsa a seguir. Porque si te ves siendo lo que tanto deseas, sabes que ya no serás capaz de volver a tu caparazón triste y encontrar sueños encogidos que se adapten a ti, a ese tú diminuto y resignado que ya no eres.

Porque te entretienes tanto amando cada milímetro del camino que a veces no recuerdas a dónde vas, pero no te importa, porque sabes que tu destino está siempre dentro de ti.
Porque funcionas sin estimulantes ni placebos y ya no causan ningún efecto en ti los anuncios donde te prometen una nueva vida a precio de perfume o de coche rápido.
Porque no esperas llamadas ni seguros ni aceptas ningún tipo de chantaje.
Has ganado porque cuando decides bailar no necesitas música y no buscas público que te aplauda para calmar tu sed de amor.

Porque te ves.
Porque ya no miras sin ver y  ni abrazas sin notar… Y el abrazo más dulce te devuelve el recuerdo más amargo de un amor que salió por la ventana y se rompió contra el suelo y se fundió en un lecho de hojas secas. Y eso ya no importa…

Has ganado porque no necesitas gritar para oír tu voz porque te escuchas.
Porque has descubierto que eres responsable de tu vida y de todo lo que hay en ella.
Porque sabes que no hay nada fuera de ti que pueda trastornarte si no dejas que lo haga…
Lo percibes porque cada vez eliges más tu estado de ánimo, porque te permites ser y confías en ti.
Ha sido largo y complicado llegar a ese estado pero ahora cada paso te compensa…
Has ganado porque no te importa que cambien las circunstancias ni las reglas, porque siempre permaneces tú…
Has ganado porque no esperas ni buscas… Eres, estás, sientes.

Porque te encuentras.
Estás ahí, entre las tripas de los monstruos más rotundos y terribles que te has inventado. Cubierto de escamas y con la cara sucia y llorosa, pero te levantas y sigues. Porque ya no importan los baches ni los golpes… Porque sabes que puedes aunque te encuentres más de una vez dudando de ti y nadando en la hojarasca de un otoño plácido, cómodo y casi eterno que nunca se agota ni va a parar a nada nuevo si tú no decides que así sea… Y lo decides porque ahora escoges tu vida.

Ya no miras los relojes porque hace tiempo que paraste el tiempo y empezaste a vivir.
Has ganado porque asumiste que podías perder y que el riesgo valía la pena.

Conmigo

Conmigo

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Voy a tomarme vacaciones de mí. No sé hasta cuándo.

Lo más curioso es que cuando uno se toma vacaciones de algo, se va y yo tengo que quedarme. Salir para volver a entrar y llegar más dentro, más profundo, más en mí.

Quiero dejar del todo los pensamientos cíclicos, repetidos, gastados, los que nada aportan y sentir lo que pasa.

Dedicarme a notar sin preguntar. Ser sin esperar. Vivir por vivir sin que por un rato tenga que cumplir ninguna expectativa ni obtener un resultado concreto, ni siquiera un resultado… Ya somos un resultado, el de lo que sentimos y pensamos ayer… No quiero asumir cuotas de nada ni conquistar ninguna meta…

Lo sé, a algunos les parecerá que entonces nada tiene sentido… Sin embargo, para mí lo tiene todo. Porque la meta es ser, es estar conmigo un rato sin analizar, sin evaluar si cada paso es el camino correcto… De hecho, si el camino te hace sentir que estás bien contigo, te lleve donde te lleve, es el correcto.

Porque al final, la verdadera meta es la paz interior, la felicidad de saber que estás contigo sin reservas y te sientes entero, completo… Y eso no se consigue al conquistar una cima sino a cada minuto que pasas siendo tú, el de verdad, el que suelta lastres y deja de preocuparse por encajar y aparentar. Lo que nos construye y nos lleva a nuestros sueños es ese camino y la forma en que transitamos por él.

De nada sirve tocar un sueño si por el camino nos hemos vendido o hemos perdido la esencia porque cuando llegamos descubrimos que ya no somos reales y que no sentimos lo que pensábamos sentir… Es el precio altísimo que se paga por la incoherencia contigo mismo.

Llegar a la meta y descubrir que has conseguido lo que deseabas, pero que te has traicionado tanto para hacerlo que no puedes paladearlo porque el resultado de la experiencia no eres tú sino un sucedáneo triste y agotado de fingir.

Necesito vacaciones de mí. De mi yo absurdo que a veces olvida que estoy en esto de crecer por el puro cielo de crecer y no para llegar a nada. De mi yo triste que deja de confiar en sí mismo cuando no ve resultados. De mi yo guerrero que se hostiga y evalúa de forma constante y se pone nota y se suspende y se castiga cuando cree no dar la talla y cumplir los plazos. De mi yo controlador siempre pendiente de lo que pasa borrando con su obsesión toda la magia de lo inesperado y de lo que pasa sin avisar…

Vacaciones de medir y de pesar. De contar, de ponerse objetivos inflexibles y fustigarse cuando no se alcanzan… Vacaciones de demostrar, de forzar la máquina y perder la autenticidad porque lo quiere hacer todo en dos días cuando necesita dos meses para que sea real y fluya… Vacaciones de exigir sin medida y sufrir sin sentido…

De todo aquello que hace siglos que intento borrar de mi vida, pero que de vez en cuando vuelve a ella cuando me canso y no veo un horizonte asequible… Cuando me vence el miedo y apuesto por forzar una máquina que necesita su tiempo y que ya hace tiempo que va sin freno…

Y con ello no dejo nada, no tiro la toalla,  al contrario, voy a por más. Lo sueño todo… pero sin morir en el intento.

Dejo la desesperación, la obsesión por ser mejor ahora, el deseo de vencer cada día, olvidando que estar y sentir ya es una victoria… 

Dejo la necesidad, el delirio de la inmediatez, el empacho de pasado y la sobredosis de futuro…

Salgo de mí para entrar en mí del todo y notar qué debo hacer de verdad. Para escuchar qué me cuento y actuar en consecuencia. Me voy para amar y amarme sin tiempo ni medida, sin parámetros ni escalas, sin clichés ni moldes… Amar sin ver y casi sin tocar. Amar como medio y como fin.

No abandono mis metas, las honro más que nunca porque decido que lleguen a mí cuando tocan, cuando me haya convertido en la persona que las puede abrazar, cuando esté madura para apreciarlas como merecen… No me alejo de nada, me acerco a mí para besar la coherencia necesaria para poder ser, para asumir el poder que llevo dentro hasta las últimas consecuencias.

Amaré el camino porque ese amor me llevará de forma inevitable a mis sueños.

Amaré mis dudas porque sé de que ellas saldrán mis atinos y fortalezas.

Amaré tanto mis sueños que antes de tomarlos por la fuerza trabajaré para darme cuenta de que ya soy digna de ellos, de que ya son míos, pero la impaciencia me aleja de su lado.

Notaré cada miedo como si fuera el más grande de los regalos, el mapa que me llevará a mis grandes tesoros…

Abrazaré los obstáculos porque sabré que están ahí forjando a ese ser que llevo dentro y que merece lo mejor, pero a veces lo olvida y se esfuerza en parecer algo que ni siquiera le llega a la suela del zapato de todo su potencial…

Visualizaré mis logros con tanta confianza e ilusión que me convertiré en ellos, porque ya soy capaz de tocarlos, pero no me acuerdo a veces. Prestaré atención a lo que importa y no a las copias baratas que a veces nos ciegan. Me enfocaré en lo que me llena y no en lo que me vacía, en la belleza, en la bondad, en la alegría y la risa. Amaré mi libertad aunque asumirla me dé vértigo…

Y, sobre todo, recordaré que no hay meta que valga que me pierda, que me lastime, que me comprima o convierta en una versión inferior a lo que soy… Que sufrir no me acerca a lo que sueño sino que me acerca a lo que temo… Y que no vale la pena si el camino no te hace crecer y aprender.

Me tomo vacaciones de mi yo que espera y me sumerjo en mi yo que ya es, que ya asume su responsabilidad de vivir con paciencia.

Desconecto de la angustia… Me adentro en ese ser que está presente y se suelta lágrimas y prejuicios mirando con atención las pequeñas cosas que le rodean y descubre que son esas pequeñas cosas lo que busca en realidad y no los grandes méritos ni los grandes elogios…Si las grandes metas no conllevan disfrutar del proceso que nos lleva a ellas, en realidad son metas mediocres… Son metas irreales que no van con nuestra esencia. 

La meta siempre somos nosotros mismos, nuestra paz interior y en realidad ya está en nosotros si somos capaces de amarnos y aceptarnos. Si lo que soñamos nos altera hasta perder el sentido, en realidad, nos alejamos de ello.

Me tomo vacaciones de juzgar, de anticipar, de comprobar compulsivamente si rinde, si da, si funciona… Dejo de preocuparme y me ocupo de ser, de aportar, de dar sin esperar recibir más que lo que llega, sabiendo que siempre recogemos lo que sembramos y vivimos lo que hemos imaginado que íbamos a vivir.

Suelto mi necesidad de pelear y defender, puesto que no necesito defensa ni tengo que convencer a nadie de nada… Dejo las excusas y las explicaciones largas y tediosas, los porqués y las razones absurdas.

Me tomo vacaciones del ser que se sobresalta con los ruidos y elude los tiempos muertos y me sumerjo en el silencio delicioso y la calma a ratos para encontrar más palabras maravillosas, para escuchar el latido que me cuenta historias que debo conocer.

Me tomo vacaciones de exigirme que todo tenga una respuesta y una razón y me dedicaré a aceptar cómo es y descubrir a dónde me lleva… Me alejo de culpas, quejas y lamentos en mi yo más gastado en batallas inútiles que perpetúa sus heridas porque quiere llamar la atención y mendigar una compasión que ya no necesita…

Me tomo vacaciones de tiranías impuestas, relojes faltones e irreverentes, complicidades absurdas, rutinas amenazadoras… Y eso no significa que no vaya a hacer lo mismo de siempre, que vaya a dejar mi vida tirada, significa que a partir de ahora voy hacerlo con sentido, notándolo y sintiendo si me colma, maravillándome de cada momento y de su belleza, sea como sea… Haciendo lo que amo y amando lo que hago, para sentir la vida y homenajearla a cada instante. Para dejar de engullir tiempo y momentos y tragar la angustia de querer que todo se adelante y pase cuanto antes, sin saber que todo es perfecto como es… Aunque asuste, aunque duela, aunque tarde tanto que te deje paralizado sin saber a dónde ir, aunque la incertidumbre me bese la nuca… Me tomo un tiempo para encontrar otra actitud que me acerque a mí misma, a plena consciencia, sabiendo que eso también me acerca a lo que sueño… Que en realidad es para mí el único camino para llegar a lo que deseo, a través de mí, siendo realmente yo sin regatearme y escatimarme nada.

Porque noto que la forma de conseguir lo que deseo no es precipitarse a ello sin medida sino darme permiso para recibirlo y ser coherente conmigo.

No cambio de lugar, cambio mi forma de verlo y apreciarlo. No dejo mi vida, al contrario, voy a surcarla, a sentirla, a saborearla. No hace falta siempre ir al otro lado del mundo para encontrar el silencio porque en realidad está a tiro de emoción y pensamiento… No huyo, me quedo, pero sin máscaras ni escudos protectores que te evitan sentir y arriesgarte a notar. No cambio de objetivos ni de camino, descubro que yo soy el camino.

Me doy permiso para fluir y vaciarme de lo que sobra, de lo que acumulo sin sentido… Suelto mis apegos para dejar lugar a lo nuevo, a lo hermoso, a lo maravilloso que descubriré y que tal vez siempre ha estado ahí y no fui capaz de ver porque no noté su brillo.

Me tomo vacaciones de mi incoherencia y mi fatiga crónica, mis parches para todo y mis mentiras piadosas para no asumir lo que soy. De mi  yo que se complica la vida buscando lo fácil sin sentido y la réplica de la réplica en todo. Me abro a todas las posibilidades y me dejo flotar, volar, resurgir.

Suelto el equipaje pesado, el lastre sin sentido y el fardo de reproches siempre apunto. Suelto el dolor, la rabia, la culpa y la necesidad de comprenderlo todo y acepto lo que llega sabiendo que me conviene.

Me tomo vacaciones del ruido para vivir cada momento como merece, como el espectáculo maravilloso que es y el privilegio que supone estar aquí.

Ahora me toca estar conmigo.

No me voy, en realidad, vuelvo.

Ejerce de ti mismo

Ejerce de ti mismo

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Es curioso como cuando crees que has dado un paso de gigante, la vida te demuestra que todavía no sabes nada… Que todo lo andado es aún un corto trecho comparado con lo que te falta…Y entonces, debes parar para darte cuenta de muchas cosas que no ves porque estás empeñado en tomar velocidad y llegar antes… Cuánto más te apuras, más lento va todo… La velocidad de los cambios en tu vida es inversamente proporcional a tu desesperación, tu necesidad y tu impaciencia…

Estamos en un momento en el que se valora poco la pausa, porque todo va muy deprisa y nos sentimos increpados para actuar, sea como sea. Sin embargo, hay ocasiones en las que si no paras y tomas conciencia, es como si deshicieras el camino andado y te perdieras a ti mismo. No sólo importa el para qué haces las cosas sino desde dónde las haces… Si te interesa sólo llegar o qué estás dispuesto a dejar por el camino.

Llevo días dando vueltas a todo lo aprendido y buscando la pieza del rompecabezas que me falta… La que soy capaz de descubrir hoy y ahora y que ayer no veía porque no sabía lo suficiente para verlo… A veces, en cuestión de horas ves la luz que antes estaba oculta. Me faltan aún muchas más piezas, puede que incluso tenga que pasar pantalla y cambiar de rompecabezas. Eso pasa, en este camino de autoconocimiento, cuando llegas a lo que creías que era la cima, descubres que era solo en campo base y que antes de poder subir, tienes que bajar mucho todavía a un inframundo donde nada es lo que parece.

Ahí dentro, a plena consciencia, hay instalado una especie de juego de espejos donde lo pequeño se deforma y parece enorme y lo grande se distorsiona hasta rodearte y casi desaparecer. Algunas sensaciones te envuelven tanto que empiezas a vivir en ellas y te olvidas de que están allí, pendientes de sentir y entender. Como si al meterte en el bosque olvidaras a dónde quieres llegar porque te quedas sumido entre la maleza… Como si creyeras que eres el bosque y siempre has estado ahí.

El caso es que he topado con mi falta de coherenciaCasi me duele al escribirlo, lo admito, pero creo que la única forma de superarlo y continuar es admitir y aceptar… ¿Cómo no lo he visto antes? tal vez porque he vivido inmersa en ella, nadando en ella, creyendo que lo habitual es sueño, confundiendo la comodidad con la felicidad. Analizándolo todo desde la razón sin recordar que esto va más de sentir que de pensar.

Con la sensación de que empecé este camino para ser feliz y en algún momento me lié un poco  y ahora sufro por no llegar a una meta que no es mi meta. A menudo, tomamos metas prestadas y soñadas por otros porque no confiamos en las nuestras, pero no porque no sean válidas sino porque no nos valoramos a nosotros mismos.

Somos muy incoherentes y ni siquiera nos damos cuenta porque nos pasamos gran parte del día sin ser auténticos. Hemos interiorizado tantas rutinas y hábitos que ponemos el piloto automático para poder centrarnos en lo que creemos es importante o en lo que más nos preocupa. A veces, lo que más nos angustia no existe más que en nuestra mente y puede que no llegue a pasar nunca, pero nos gusta imaginar que pasa porque así nos ponemos la zancadilla a nosotros mismos… Crees que ya sabes mucho sobre ti y te sorprendes poniéndote saboteándote y  entrando en un bucle de pensamientos absurdos y lúgubres…

Hacemos un trabajo intenso para conocernos y repasamos cada detalle pasando por alto todo eso que hacemos de forma inconsciente y que constituye un alto porcentaje de vida diaria, casi un 90 por ciento…Vivimos fuera de nosotros y dejamos que la rutina decida a donde vamos… Dejamos que el ego se adueñe de nuestros pensamientos y  dicte nuestro diálogo interior….

Lo digo porque puedes pasarte meses o años sacando de ti el lastre de las creencias limitantes que llevas instaladas y no caer en la cuenta de todas la pequeñas costumbres que se derivaron de ellas y que aún siguen vigentes en tu vida.

Te amas mucho más a ti mismo, pero sigues recortándote las alas cada día en pequeñas decisiones que tomas porque siempre lo has hecho así y no les prestas atención…

Algunas de esas cosas se cambian al tomar decisiones importantes y hacer grandes renuncias o como consecuencia ineludible de ello. Otras, las seguimos llevando a cabo sin percatarnos de que pertenecen a otra persona, esa que éramos antes de tomar las riendas de nuestras vida… Esa que eres cuando no te dejas llevar por el miedo, por la angustia, sin todas la capas de piel que te pusiste para protegerte y que no te permiten sentir nada…

Es como si hubieras abolido la norma, pero aún quedaran por ahí las señales de tráfico que la hacían posible y no las viéramos por la costumbre de ir viajando por la vida con el piloto automático sin fijarnos en nada…

Como un volver a empezar en todo y buscar la coherencia entre lo que piensas ahora y lo que haces…

¿Estás dispuesto a revisar tu vida para ver si te pillas en falso?

El trabajo por hacer es inconmensurable… No sólo se trata de desaprenderlo todo sino de instalarse un software nuevo  y aprender cómo funciona para no dejar que cuando nos venza en cansancio y la tentación nos invite a recuperar el antiguo…

Vivimos asustados y las personas asustadas se convierten en autómatas del ego, miran con los ojos prestados y evalúan con la avaricia del que teme perderlo todo, aunque a veces no lo parezca. Decidimos no ir a un lugar donde nos invitan y nos decimos a nosotros mismos que es porque no nos apetece, cuando en realidad, lo que rehuimos es ponernos en según qué situaciones porque nos da asusta fallar, fracasar, no estar a la altura…

Deberíamos revisar cada acto que en que nos implicamos para descubrir si lo hacemos desde el amor o desde el miedo. Si nos estamos escondiendo o no. Si nos exponemos para demostrar algo, si nos enfadamos porque nos toca la fibra, si nos vence la rabia o la envidia o por el contrario, es nuestra decisión es sana y sincera y tomada desde la convicción de alguien que escoge su vida.

Si nos da por aceptar aún cosas que no merecemos. A pesar de saber que somos dignos de amor y respeto y haber trabajado mucho para respetarnos… ¿Aceptamos chantajes? ¿permitimos que no nos traten con bien? ¿hacemos cosas que no deseamos para ser aceptados?

Vale la pena revisarlo, por si aún estamos usando palabras viejas y tristes en nuestro nuevo yo positivo y motivado…

Si tratamos a los demás como queremos que nos traten o a veces aún pensamos que nos tienen manía o hay una conjura contra nosotros… Si atacamos antes de ser atacados porque nos preocupa ser vulnerables cuando esta etapa ya está superada…

Tengo que darme cuenta de si guardo cosas viejas es realmente para volver a usarlas porque son útiles o porque me agarro a ellas… Si vivo con apego o si fluyo… Da igual si son recuerdos o ropa usada que ya no van conmigo. Si almaceno lo gastado y no libero espacio para dar paso a lo nuevo…

Si me impongo pequeños castigos por culpas que arrastro desde que era niña y me sentía un estorbo… Si cuando voy a casa de según quién o entro en según qué lugares aún me tienta esconderme en el rincón para pasar desapercibido… ¿Qué arrastro aún? ¿no había soltado esta carga? Será cuestión de saberlo para afrontarlo o ser consciente de ello para cambiar esa sensación…

Si no acabo de olvidar ni perdonar a pesar de haber dado un abrazo… Si cuando veo su cara en las fotos, siento un zarpazo en el pecho y le echo de menos y me siento amenazado, triste, abandonado… Si aún no he entendido que cada uno hace lo que puede en su momento y actúa lo mejor que sabe y que sea lo que sea es lo que tenía que pasar…

Hasta entender que al mundo que hay ahí a fuera, es el mundo que yo llevo dentro. Y mis pasos por la vida son un reflejo de los pasos que doy dentro de mí para llegar a mi esencia.

Tengo que saber si sufro en balde aún porque creo que sufrir es necesario para conseguir algo que sueño, si dentro de mí algo todavía me dice que hay que soportar la indignidad para expiar alguna culpa heredada de no sé qué tradición… Si a pesar de que me parece una barbaridad, todavía me encuentro en un momento de distracción con algún pensamiento recurrente que refuerza la idea de que si eres feliz lo pagarás caro y caerá sobre ti una plaga divina porque has venido al mundo sufrir ya que la vida es un valle de lágrimas…

Intento pensar si todavía tengo miedo a hacer algo porque no lo aceptarán y criticarán mis pasos, porque tal vez siento todavía el runrún de necesitar que me valoren y encajar en este mundo en el que nadie encaja y todos disimulan.

Y  tal vez, me apego a algo que no quiero soltar que en realidad no es mío porque nada es de nadie y no lo dejo ir porque así reafirmo mi dependencia…

¿A qué no me atrevo? ¿Qué me callo? ¿qué acumulo?

Y tú ¿Lo haces? ¿Te guardas lo bueno? ¿escondes tu talento? ¿no brillas por temor a molestar? ¿compartes tus habilidades? ¿te encierras en ti mismo porque temes decepcionar?

Tenemos un montón de comportamientos instalados en la entrañas, creencias que no nos cuestionamos porque parecen sólidas, pensamientos prestados, habitaciones interiores llenas de polvo donde nunca entra el aire fresco… Corrientes de aire en el pecho esperando que alguien cierre puertas y selle ventanas…

Nos reiteramos una y otra vez en lo que no queremos porque nos sentimos incapaces de parar máquinas y resetear motores…

A veces, hace falta prestar atención a todo para darle la vuelta y descubrir cómo ese fantasma del pasado está presente en los pequeños actos de cada día…

Otras, basta con decir en voz alta el pensamiento al que damos vueltas o poner palabras a esa emoción para ver que no sirve, que es una barbaridad, que no se sustenta…

Es más importante de lo que parece… Es lo que marca la diferencia entre quedarse en la teoría o llevar a la práctica y vivir en consecuencia. Lo cambia todo… Somos lo que pensamos y lo que hacemos con nuestros pensamientos…Vale la pena afinar y aprender más, hacer un máster en ti mismo, dominar la técnica de conocerte para poder motivarte y amar cada una de tus fibras…

Si vemos la vida con ojos nuevos, tenemos que vivirla de esa forma, al cien por cien…

Sentirlo todo con ese nuevo ser que nos habita…Sentir que vives de forma coherente, a conciencia, porque eso te ayudará a reafrimar tu nuevo yo y subir un escalón más en la vida, tanto personal como profesional.

Has ido más allá, has indagado en ti, ya sabes tus porqués  y para llegar a tu máxima potencia, necesitas dejar de vivir a medias.

No te escatimes los detalles que pueden hacerte llegar a la excelencia en tu vida.

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No es fácil, supone compromiso y trabajo. A veces, te sorprenderás  dejando de hacer algo que pensabas que hacías porque era bueno para ti y en realidad era un peaje que pagabas para gustar y encajar, para no defraudar a otros.

Otras veces, podrás seguir haciéndolo, pero sintiendo algo distinto, con otra mirada, redescubriendo a personas y actividades que ya no serán lo mismo porque las harás desde otro punto de conciencia. Lo importante es descubrirlo y decidir…

Tal vez un día te encuentres bailando después de media vida pensando que tú no bailabas…

Todo sirve si lo haces porque te hace vibrar, todo sirve si cuadra con tu nueva forma de ver la vida… Sin estar sujeta al miedo, sin ponerte filtros para esconderse o no aparentar…

Todo vale si dentro de ti sientes que va con tus valores. Si sientes que te contradice, tienes que soltarlo.

Necesitas practicar en tu nuevo yo, porque si no, el antiguo, que lleva años en el poder automatizando tu vida desde la inconsciencia, tomará el control de nuevo y te llegarán las dudas, el cansancio, la desmotivación…

Por eso es importante revisar cada detalle de tu vida, para saber si está coherencia con lo que eres y lo que sientes.

Tienes que conseguir que tu piloto automático se ponga de tu parte y trabaje desde el amor y no desde el miedo…

Y lo más complicado hacer todo esto desde la confianza en tu capacidad y siendo bondadoso contigo y con lo que te rodea para no culparte ni tirar la toalla, para no caer en una obsesión. Para poder fluir siendo tú. Para ejercer de ti mismo cada momento de tu vida…